Rodzuz
Poeta recién llegado
Yo ya no sé qué es lo que hago
porque mi pluma sigue sangrando tinta
y sin saber ya qué decir.
Porque siento mis manos y tu cuerpo
pero tú no eres tú, eres alguien más
de quien una vez sentiste celos
E imagino tus piernas y tus manos
y tu lengua y tus labios y tu sexo y tus pechos
E imagino que me quieres y que gritas
en el aire diez mil cosas en lenguas religiosas
El círculo vueltas da, una y otra vez
hasta perderse en el infinito agujero de mis ideas
Y mi estómago se quema y mi garganta
se hace agria, porque mi mano quiere tocarte,
no te mueves, pero no te alcanza
Me encuentro solo, sentado hasta el centro del cuarto de mi olvido
donde la chica de mis sueños no tiene rostro ni cuerpo, que me excita porque lo siento.
Las líneas que marcan su figura son hermosas y lisas, pero imperfectas, porque no hay nada hermoso en lo perfecto, ni nada perfecto en lo hermoso.
Suavidad, ligereza y grasa.
Pero no un cuerpo, y sí un cuerpo,
una idea y una concreción.
amor y sexo.
La lujuria que sale de la boca y entra a otra, que toca que agarra, que muerde, que odia, que arranca, que mata, que sangra, que embiste, que ahoga y que atrapa.
Caminando en un paso sin fin, eterno, pues mi mente es eterna, completa y perfecta, hasta el día que muera.
Quiero que muerdas mi labio, quiero besar tu pelvis y tu estómago.
Abrázame cual péndulo entre tus piernas.
Quiero esa pasión, horrenda pasión golpeadora que corta mi respiración y salta mis venas.
Quítame la pluma, arranca mi lengua, pues éstas palabras, ideas abstractas de un mundo infamiliar. Porque las palabras nunca serán tan fuertes como un beso, una caricia o un roce.
Martirio tiene aquel que vive y se da cuenta de que no existen palabras suficientes para describir ese fuego en el estómago.
Ingenuo estúpido es aquel que todavía cree en la palabra amor, que nació gastada, convertida en ecos en la boca de hombres que no la comprendían.
Quítame la pluma, porque cometo el mismo crimen que condeno.
Arráncame la lengua, porque sólo escupe diálogo obsceno cuando debería estar en tu sexo.
Quítame la pluma, que ya es un apéndice más de mi cuerpo.
Que plasma mi vida, mi historia, mi todo, para que me quedes solo tú, y te tenga sólo a ti, pero estaré vacío y moriré.
Quítame la pluma, y bésame.
porque mi pluma sigue sangrando tinta
y sin saber ya qué decir.
Porque siento mis manos y tu cuerpo
pero tú no eres tú, eres alguien más
de quien una vez sentiste celos
E imagino tus piernas y tus manos
y tu lengua y tus labios y tu sexo y tus pechos
E imagino que me quieres y que gritas
en el aire diez mil cosas en lenguas religiosas
El círculo vueltas da, una y otra vez
hasta perderse en el infinito agujero de mis ideas
Y mi estómago se quema y mi garganta
se hace agria, porque mi mano quiere tocarte,
no te mueves, pero no te alcanza
Me encuentro solo, sentado hasta el centro del cuarto de mi olvido
donde la chica de mis sueños no tiene rostro ni cuerpo, que me excita porque lo siento.
Las líneas que marcan su figura son hermosas y lisas, pero imperfectas, porque no hay nada hermoso en lo perfecto, ni nada perfecto en lo hermoso.
Suavidad, ligereza y grasa.
Pero no un cuerpo, y sí un cuerpo,
una idea y una concreción.
amor y sexo.
La lujuria que sale de la boca y entra a otra, que toca que agarra, que muerde, que odia, que arranca, que mata, que sangra, que embiste, que ahoga y que atrapa.
Caminando en un paso sin fin, eterno, pues mi mente es eterna, completa y perfecta, hasta el día que muera.
Quiero que muerdas mi labio, quiero besar tu pelvis y tu estómago.
Abrázame cual péndulo entre tus piernas.
Quiero esa pasión, horrenda pasión golpeadora que corta mi respiración y salta mis venas.
Quítame la pluma, arranca mi lengua, pues éstas palabras, ideas abstractas de un mundo infamiliar. Porque las palabras nunca serán tan fuertes como un beso, una caricia o un roce.
Martirio tiene aquel que vive y se da cuenta de que no existen palabras suficientes para describir ese fuego en el estómago.
Ingenuo estúpido es aquel que todavía cree en la palabra amor, que nació gastada, convertida en ecos en la boca de hombres que no la comprendían.
Quítame la pluma, porque cometo el mismo crimen que condeno.
Arráncame la lengua, porque sólo escupe diálogo obsceno cuando debería estar en tu sexo.
Quítame la pluma, que ya es un apéndice más de mi cuerpo.
Que plasma mi vida, mi historia, mi todo, para que me quedes solo tú, y te tenga sólo a ti, pero estaré vacío y moriré.
Quítame la pluma, y bésame.