Quizás doblamos los recodos vanos

Acaso fueron los momentos sanos
los que llenaron tiempos y vacíos
de todo aquello que conforma ríos
en la dureza agreste de mis manos.

Quizás doblamos los recodos vanos,
sin ser conscientes, ni coger desvíos,
que alejen nuestro sino de baldíos
esfuerzos que desecan nuestros granos.

Se agrietan las virtudes de la tierra;
las pisan los pesares de guerreros
que matan toda gloria en su posguerra.

Acaso fueron cánticos postreros.
Quizás perdieron su maldita guerra,
la vida, sus esquinas y senderos.
 
Acaso fueron los momentos sanos
los que llenaron tiempos y vacíos
de todo aquello que conforma ríos
en la dureza agreste de mis manos.

Quizás doblamos los recodos vanos,
sin ser conscientes, ni coger desvíos,
que alejen nuestro sino de baldíos
esfuerzos que desecan nuestros granos.

Se agrietan las virtudes de la tierra;
las pisan los pesares de guerreros
que matan toda gloria en su posguerra.

Acaso fueron cánticos postreros.
Quizás perdieron su maldita guerra,
la vida, sus esquinas y senderos.

Un placer pasar por tu rincón poético.
Un cálido saludo con cariño.

Siempreviva.
 
sensibilidad profunda, a veces tus versos dicen mucho, abrazos
Acaso fueron los momentos sanos
los que llenaron tiempos y vacíos
de todo aquello que conforma ríos
en la dureza agreste de mis manos.

Quizás doblamos los recodos vanos,
sin ser conscientes, ni coger desvíos,
que alejen nuestro sino de baldíos
esfuerzos que desecan nuestros granos.

Se agrietan las virtudes de la tierra;
las pisan los pesares de guerreros
que matan toda gloria en su posguerra.

Acaso fueron cánticos postreros.
Quizás perdieron su maldita guerra,
la vida, sus esquinas y senderos.
Acaso fueron los momentos sanos
los que llenaron tiempos y vacíos
de todo aquello que conforma ríos
en la dureza agreste de mis manos.

Quizás doblamos los recodos vanos,
sin ser conscientes, ni coger desvíos,
que alejen nuestro sino de baldíos
esfuerzos que desecan nuestros granos.

Se agrietan las virtudes de la tierra;
las pisan los pesares de guerreros
que matan toda gloria en su posguerra.

Acaso fueron cánticos postreros.
Quizás perdieron su maldita guerra,
la vida, sus esquinas y senderos.
 

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