RaulGarfias
Poeta recién llegado
Quizás
La fe descansa adelante,
tranquila espera
por escuchar tus pasos.
Allí mismo,
donde descansa también tu sonrisa,
aquélla que sonríe a tu rostro,
que aún no despierta.
Serás un atardecer
contemplando sus propios colores,
un espejo
frente a los ojos de Dios.
Y esa luz
no lograrás contener,
no lograrás apagar,
ni cuando tus dedos toquen el horizonte,
ni cuando tu destino te alcance.
Pero mi verdad es otra,
he visto ya todo,
y no temo a perder mis ojos.
Ojalá pudiera,
ojalá quisiera.
Mi fe descansa allá atrás,
donde la dejé,
esperando,
cuando creí que debía seguirme.
Y no logro evitar
las piedras que yo mismo arrojé,
ni los árboles que yo mismo sembré.
Si mis momentos se pierden
en el tiempo,
con ellos me perderé.
En ellos me siento a gusto,
aunque sólo pueda sentirlos,
y ya no recordarlos.
Mi vida son ellos,
pese al centenar de olas
que ya borraron sus huellas.
¿Serán tan disímiles aquellos destinos,
el tuyo y el mío?
Tal vez yo calzo tus zapatos ahora,
y tú los míos.
Tal vez son tus lágrimas
las que brotan por mis ojos,
y las mías
las que ruedan por tus mejillas.
Quizás la oscuridad y la luz
existen por nuestra fe en ellas,
mientras nuestros ojos luchan por revelar
lo que aun sin ellos debiésemos ver.
Y sin nuestra ayuda,
no lo lograrán jamás.
Tal vez así debe ser,
y que el misterio se oculte
para poder ver lo que queramos ver.
¿Será tu camino tan distinto al mío?
Un manto de estrellas te cubre ahora,
las mismas que veo por mi ventana
esta noche.
Los pasos que una vez diste
yo puedo ver con claridad,
y las gotas de lluvia
esconden tus lágrimas,
que mis ojos vertieron
y no se detendrán jamás.
Tal vez la ilusión del ayer y el mañana,
del aquí y el allá,
nacieron a este mundo para crear esta niebla,
aquí entre dos vidas
que quizás sean una.
La ilusión de lo improbable y lo ocurrido
como gobernador de nuestras alas,
aquella ilusión
a la que tú y yo dimos vida.
Tal vez los obstáculos nos unen,
y lo que nos separa
somos nosotros.
Quizás,
y sólo quizás,
será por eso
que nunca lo lograremos.
Quizás por eso,
será que nunca querremos hacerlo.
La fe descansa adelante,
tranquila espera
por escuchar tus pasos.
Allí mismo,
donde descansa también tu sonrisa,
aquélla que sonríe a tu rostro,
que aún no despierta.
Serás un atardecer
contemplando sus propios colores,
un espejo
frente a los ojos de Dios.
Y esa luz
no lograrás contener,
no lograrás apagar,
ni cuando tus dedos toquen el horizonte,
ni cuando tu destino te alcance.
Pero mi verdad es otra,
he visto ya todo,
y no temo a perder mis ojos.
Ojalá pudiera,
ojalá quisiera.
Mi fe descansa allá atrás,
donde la dejé,
esperando,
cuando creí que debía seguirme.
Y no logro evitar
las piedras que yo mismo arrojé,
ni los árboles que yo mismo sembré.
Si mis momentos se pierden
en el tiempo,
con ellos me perderé.
En ellos me siento a gusto,
aunque sólo pueda sentirlos,
y ya no recordarlos.
Mi vida son ellos,
pese al centenar de olas
que ya borraron sus huellas.
¿Serán tan disímiles aquellos destinos,
el tuyo y el mío?
Tal vez yo calzo tus zapatos ahora,
y tú los míos.
Tal vez son tus lágrimas
las que brotan por mis ojos,
y las mías
las que ruedan por tus mejillas.
Quizás la oscuridad y la luz
existen por nuestra fe en ellas,
mientras nuestros ojos luchan por revelar
lo que aun sin ellos debiésemos ver.
Y sin nuestra ayuda,
no lo lograrán jamás.
Tal vez así debe ser,
y que el misterio se oculte
para poder ver lo que queramos ver.
¿Será tu camino tan distinto al mío?
Un manto de estrellas te cubre ahora,
las mismas que veo por mi ventana
esta noche.
Los pasos que una vez diste
yo puedo ver con claridad,
y las gotas de lluvia
esconden tus lágrimas,
que mis ojos vertieron
y no se detendrán jamás.
Tal vez la ilusión del ayer y el mañana,
del aquí y el allá,
nacieron a este mundo para crear esta niebla,
aquí entre dos vidas
que quizás sean una.
La ilusión de lo improbable y lo ocurrido
como gobernador de nuestras alas,
aquella ilusión
a la que tú y yo dimos vida.
Tal vez los obstáculos nos unen,
y lo que nos separa
somos nosotros.
Quizás,
y sólo quizás,
será por eso
que nunca lo lograremos.
Quizás por eso,
será que nunca querremos hacerlo.
Raúl Garfias L.