Gonvedo
Poeta asiduo al portal
y regresas
con otra faz de flor recién abierta...
ROSARIO CASTELLANOS
En el silencio escucho al corazón quebrarse
como un golpe de mar, pero aún hay lágrimas
de árboles adentro, y el día apenas está naciendo.
He dejado atrás ese tiempo en que siempre
no era siempre, que ha envenenado mis huesos.
Un piano suena entre la hojarasca en la avenida
como un cuerpo que se hiere en la edad madura
de sombras de gente que ha huido sin saber adónde.
Una solitaria nube se asoma a las tardes de la infancia
como un sueño entorchado en octavas de fiebre,
o como un sol de la cosecha mientras mis manos
vuelan como un río sobre el pecho ígneo
de las vísperas, y mi boca te corona de guirnaldas.
La mirada, apenas como un mar de olas calmas,
trocando en la pupila el paisaje que gime
a nuestro lado: playas mudas con hombres vacíos
paseando en sus orillas como pájaros furtivos.
Pero hay tanto amor en tus ojos licuados
que la rueda cósmica sigue girando
y el universo extiende su memoria
haciéndose fuente de belleza inagotable.
La noche nace vulnerada, y vuelve a ser milagro
con la tinta humeante de unos versos.
Pero de repente todo cambia, aúllan los fantasmas,
la noche acosa a su presa, alguien sueña que existes,
pero celebramos tu ausencia, y el mundo gime
en mi sombra a solas.
con otra faz de flor recién abierta...
ROSARIO CASTELLANOS
En el silencio escucho al corazón quebrarse
como un golpe de mar, pero aún hay lágrimas
de árboles adentro, y el día apenas está naciendo.
He dejado atrás ese tiempo en que siempre
no era siempre, que ha envenenado mis huesos.
Un piano suena entre la hojarasca en la avenida
como un cuerpo que se hiere en la edad madura
de sombras de gente que ha huido sin saber adónde.
Una solitaria nube se asoma a las tardes de la infancia
como un sueño entorchado en octavas de fiebre,
o como un sol de la cosecha mientras mis manos
vuelan como un río sobre el pecho ígneo
de las vísperas, y mi boca te corona de guirnaldas.
La mirada, apenas como un mar de olas calmas,
trocando en la pupila el paisaje que gime
a nuestro lado: playas mudas con hombres vacíos
paseando en sus orillas como pájaros furtivos.
Pero hay tanto amor en tus ojos licuados
que la rueda cósmica sigue girando
y el universo extiende su memoria
haciéndose fuente de belleza inagotable.
La noche nace vulnerada, y vuelve a ser milagro
con la tinta humeante de unos versos.
Pero de repente todo cambia, aúllan los fantasmas,
la noche acosa a su presa, alguien sueña que existes,
pero celebramos tu ausencia, y el mundo gime
en mi sombra a solas.