Y esa lágrima primitiva, en la caverna enamorada…
y ese calor de la osera que se asoma a luz del cuello…
Y las buenas migas de los amigos…
y los bullicios de esas raíces que esperan por los caminos…
y el oído receptivo, y los rastrillos del viento y rastrillos del pensamiento,
las escaladas de paz interior…