Un aguijón de luna, me dejaron sus ojos,
que de a poco me va clavando en el costado.
Un crepúsculo quedó, de aquellos labios rojos,
y me tiñe de ocaso, después que hubo marchado.
que de a poco me va clavando en el costado.
Un crepúsculo quedó, de aquellos labios rojos,
y me tiñe de ocaso, después que hubo marchado.
Un manto de ceniza, se ha posado en mi pelo,
desde que aquel adiós, apagó nuestra hoguera.
Solo un rastro de plumas, me quedó de su vuelo,
un velo de hojas secas, de aquella primavera.
desde que aquel adiós, apagó nuestra hoguera.
Solo un rastro de plumas, me quedó de su vuelo,
un velo de hojas secas, de aquella primavera.
Una hebra de agua, me quedó de su río,
del árbol de su fruto, un gajo deshojado.
Y este pobre poema...grito o desvarío,
es tan solo una sombra, del amor que ha pasado.
del árbol de su fruto, un gajo deshojado.
Y este pobre poema...grito o desvarío,
es tan solo una sombra, del amor que ha pasado.
Marino Fabianesi