jose g barroso
Poeta recién llegado
Para tí, para todos nosotros:
Ya ves cuánto me gustas, y cuan dichoso soy al tenerte,
tan fácil y tan complicado se nos hace el querer y el poder,
pero más aún, el poder llegar a tener todo lo que queremos.
Hoy sentado en este café
mirando como sonríes despreocupada,
como si hubiéramos nacido ayer,
como si la vida hubiera surgido en el mismo instante en que por primera vez nos vimos,
en que por primera vez tuvimos sexo,
explorando interminables emociones,
que surgen en las ramificaciones de nuevas caricias vírgenes,
aguardando la química que sólo tu piel podía hacerlas estallar,
acechando, sin saber,
el momento de estar ahora aquí,
sentado, viendo como me hablas,
como tu mente vuela en rostros de niños que aún no conozco
y que dices van a tener mis ojos y tu bella boca.
Pero no siempre fue de esa manera,
es que sabemos que nunca es de esa manera,
para todo debe de existir un infierno,
si no lo conociéramos, nunca le daríamos valor a lo hermoso.
Nos perderíamos en la trama de la vida,
no sabríamos jamás, que todo, incluso la tierra,
la mueve una razón,
su necesidad de girar no es el capricho del universo
para que envejezcamos un poco más cada año,
al contrario si te detienes puedes ver que el segundo que dejas atrás
en nada se parece al otro que despunta,
no conviertas entonces tu ayer en tu mañana.
Ahora pretendo soñar como lo haces conmigo,
y decirte entre tantas cosas que te amo,
que lo he hecho desde siempre,
mucho antes de nacer,
mucho antes que la humanidad tuviera memoria de su existencia.
Es ese amor con el que todos anhelamos,
ése que en algún momento todos tuvimos y del que se nos privo,
es probable que por nuestro egoísmo,
nos perdimos en ese regalo tan divino, el libre albedrío,
a demás de la piel, queríamos poseer también el alma
Un montón de poemas encierra mi vida,
algunos perdidos para siempre,
vendrán otros, pero de ellos no me voy a preocupar ahora,
hoy solo deseo regalarte éstos, los más queridos,
espero que cuando termine mi café me sigas hablando camino a casa,
de los niños, de la vida que hoy comienza, del amor,
y de todas esas razones que tenemos para seguir viviendo...
Ya ves cuánto me gustas, y cuan dichoso soy al tenerte,
tan fácil y tan complicado se nos hace el querer y el poder,
pero más aún, el poder llegar a tener todo lo que queremos.
Hoy sentado en este café
mirando como sonríes despreocupada,
como si hubiéramos nacido ayer,
como si la vida hubiera surgido en el mismo instante en que por primera vez nos vimos,
en que por primera vez tuvimos sexo,
explorando interminables emociones,
que surgen en las ramificaciones de nuevas caricias vírgenes,
aguardando la química que sólo tu piel podía hacerlas estallar,
acechando, sin saber,
el momento de estar ahora aquí,
sentado, viendo como me hablas,
como tu mente vuela en rostros de niños que aún no conozco
y que dices van a tener mis ojos y tu bella boca.
Pero no siempre fue de esa manera,
es que sabemos que nunca es de esa manera,
para todo debe de existir un infierno,
si no lo conociéramos, nunca le daríamos valor a lo hermoso.
Nos perderíamos en la trama de la vida,
no sabríamos jamás, que todo, incluso la tierra,
la mueve una razón,
su necesidad de girar no es el capricho del universo
para que envejezcamos un poco más cada año,
al contrario si te detienes puedes ver que el segundo que dejas atrás
en nada se parece al otro que despunta,
no conviertas entonces tu ayer en tu mañana.
Ahora pretendo soñar como lo haces conmigo,
y decirte entre tantas cosas que te amo,
que lo he hecho desde siempre,
mucho antes de nacer,
mucho antes que la humanidad tuviera memoria de su existencia.
Es ese amor con el que todos anhelamos,
ése que en algún momento todos tuvimos y del que se nos privo,
es probable que por nuestro egoísmo,
nos perdimos en ese regalo tan divino, el libre albedrío,
a demás de la piel, queríamos poseer también el alma
Un montón de poemas encierra mi vida,
algunos perdidos para siempre,
vendrán otros, pero de ellos no me voy a preocupar ahora,
hoy solo deseo regalarte éstos, los más queridos,
espero que cuando termine mi café me sigas hablando camino a casa,
de los niños, de la vida que hoy comienza, del amor,
y de todas esas razones que tenemos para seguir viviendo...