Amado De Henares
Poeta recién llegado
Con los brazos cansados, pendiendo hacia un abismo,
resignada la razón a experimentar la caida,
ya sin esperanzas, estaba solo en la vida;
cuando llegaste tú.
Como mano celeste que me alejó de la muerte,
como sutil sueño que me elevó a la cumbre,
Tú, dulce maestra me enseñaste que existe horizonte.
Tu amor fue un espejismo,
sueño ilusionado, de la risa del canto y la alegría,
visión fantástica de otra forma de vivir;
tu amor aunque fugaz fue realidad.
Pero alguien antes de que naciéramos tu y yo,
trazó nuestros destinos por caminos diferentes,
y, aunque este amor inmenso,
nos hizo sentir como un solo ser,
hoy, voy sangrando mi alma por mi camino diferente,
sin entender las razones del destino,
doliéndome la mente de tanto pensarte,
y los ojos de tanto llorar,
doliéndome el pecho de tanto extrañarte.
Mi pensar ya es una locura,
aveces me digo que ya te olvidaré,
y hay días que me paso imaginando en vivir junto a tí;
quisiera arrancar la esperanza de tenerte,
pero algo me dice que puedes volver,
y cuando decido esperarte,
otra duda me dice que nunca vendrás.
Hoy, después de que te has ido,
veo cada día otra realidad:
escombros de mis sentimientos,
ruinas que dejó tu amor viajero.
Y, otra vez,
con los brazos cansados, pendiendo hacia mi abismo,
resignada la razón a experimentar la caída,
ya sin esperanzas, estoy solo en la vida.
resignada la razón a experimentar la caida,
ya sin esperanzas, estaba solo en la vida;
cuando llegaste tú.
Como mano celeste que me alejó de la muerte,
como sutil sueño que me elevó a la cumbre,
Tú, dulce maestra me enseñaste que existe horizonte.
Tu amor fue un espejismo,
sueño ilusionado, de la risa del canto y la alegría,
visión fantástica de otra forma de vivir;
tu amor aunque fugaz fue realidad.
Pero alguien antes de que naciéramos tu y yo,
trazó nuestros destinos por caminos diferentes,
y, aunque este amor inmenso,
nos hizo sentir como un solo ser,
hoy, voy sangrando mi alma por mi camino diferente,
sin entender las razones del destino,
doliéndome la mente de tanto pensarte,
y los ojos de tanto llorar,
doliéndome el pecho de tanto extrañarte.
Mi pensar ya es una locura,
aveces me digo que ya te olvidaré,
y hay días que me paso imaginando en vivir junto a tí;
quisiera arrancar la esperanza de tenerte,
pero algo me dice que puedes volver,
y cuando decido esperarte,
otra duda me dice que nunca vendrás.
Hoy, después de que te has ido,
veo cada día otra realidad:
escombros de mis sentimientos,
ruinas que dejó tu amor viajero.
Y, otra vez,
con los brazos cansados, pendiendo hacia mi abismo,
resignada la razón a experimentar la caída,
ya sin esperanzas, estoy solo en la vida.
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