BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un contorno de hojas corona tu cabeza.
Llamea en ella, la flama incolora de los
días insaciables. Son el hueso duro de roer
de las aceitunas, los quesos, las despensas,
llenas de incertidumbre y vaguedad. Como
las nieblas de mi infancia, sobre la cordillera
intacta de tus senos, presentas hierbas, purezas,
montones de mermelada. Yo golpeo las rodajas
que quedan de naranja, de limón, de antiguas lluvias
caídas en las tardes polvorientas. Golpeo y golpeo,
las puertas que abren tu mirada: soñolienta ladera
de rebaños perezosos-.
©
Llamea en ella, la flama incolora de los
días insaciables. Son el hueso duro de roer
de las aceitunas, los quesos, las despensas,
llenas de incertidumbre y vaguedad. Como
las nieblas de mi infancia, sobre la cordillera
intacta de tus senos, presentas hierbas, purezas,
montones de mermelada. Yo golpeo las rodajas
que quedan de naranja, de limón, de antiguas lluvias
caídas en las tardes polvorientas. Golpeo y golpeo,
las puertas que abren tu mirada: soñolienta ladera
de rebaños perezosos-.
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