Rebeldía

jabbier

Poeta recién llegado
Como errantes palomas
trazan tus labios silenciosos
en mi oído
una
sola
palabra,
una muda condena irrevocable
condenada al fracaso.

Ocho letras que pesan
como una montaña
de voces conjuradas en medio de la noche
para derramar el infortunio
sobre mi corazón yaciente.

Qué fácil la sentencia
cuando se miran las espaldas del
que gime como el agua en la corriente
que la arrastra entre los filos de las piedras
que la pudren pero
que no terminan de matarla y prolongan insanamente su agonía.

Yo te seguí los pasos
con la docilidad de un artesano
y con la mansedumbre de un orfebre,
y fui barro en tus manos, y fui también
metal, anillo, dije, cántaro y espuela,
oro, cobre,
desierto mar, tierra celeste, sombra del viento,
y alguna vez diamante
acompasado a tus miradas…

Pero esta vez no puedo obedecerte:
contra mi sumisión levanta sus espejos la memoria
y el corazón se alza en rebeldía
con sus alforjas colmadas de tu imagen
y tu tacto.

¡Ah!, qué fácil es decir:
“olvídame”.

¡Ah!, si tú supieras…
 
Como errantes palomas
trazan tus labios silenciosos
en mi oído
una
sola
palabra,
una muda condena irrevocable
condenada al fracaso.

Ocho letras que pesan
como una montaña
de voces conjuradas en medio de la noche
para derramar el infortunio
sobre mi corazón yaciente.

Qué fácil la sentencia
cuando se miran las espaldas del
que gime como el agua en la corriente
que la arrastra entre los filos de las piedras
que la pudren pero
que no terminan de matarla y prolongan insanamente su agonía.

Yo te seguí los pasos
con la docilidad de un artesano
y con la mansedumbre de un orfebre,
y fui barro en tus manos, y fui también
metal, anillo, dije, cántaro y espuela,
oro, cobre,
desierto mar, tierra celeste, sombra del viento,
y alguna vez diamante
acompasado a tus miradas…

Pero esta vez no puedo obedecerte:
contra mi sumisión levanta sus espejos la memoria
y el corazón se alza en rebeldía
con sus alforjas colmadas de tu imagen
y tu tacto.

¡Ah!, qué fácil es decir:
“olvídame”.

¡Ah!, si tú supieras…



Excelentes versos, maravilla de composición poética
saludos cordiales
 
Como errantes palomas
trazan tus labios silenciosos
en mi oído
una
sola
palabra,
una muda condena irrevocable
condenada al fracaso.

Ocho letras que pesan
como una montaña
de voces conjuradas en medio de la noche
para derramar el infortunio
sobre mi corazón yaciente.

Qué fácil la sentencia
cuando se miran las espaldas del
que gime como el agua en la corriente
que la arrastra entre los filos de las piedras
que la pudren pero
que no terminan de matarla y prolongan insanamente su agonía.

Yo te seguí los pasos
con la docilidad de un artesano
y con la mansedumbre de un orfebre,
y fui barro en tus manos, y fui también
metal, anillo, dije, cántaro y espuela,
oro, cobre,
desierto mar, tierra celeste, sombra del viento,
y alguna vez diamante
acompasado a tus miradas…

Pero esta vez no puedo obedecerte:
contra mi sumisión levanta sus espejos la memoria
y el corazón se alza en rebeldía
con sus alforjas colmadas de tu imagen
y tu tacto.

¡Ah!, qué fácil es decir:
“olvídame”.

¡Ah!, si tú supieras…


¡Ah! que final estremece tu poema Jabbier! espléndido, poeta. Dejo mis estrellas y aplausos para ti.

Big
 

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