Évano
Libre, sin dioses.
Rebelión en el Valle Besucón.
Todo transcurría entre mariposas que revoloteaban entre flores de una primavera luminosa. Los corazones palpitaban con suspiros delicados, y los labios besaban bajo una brisa cálida donde los enamorados bailaban de puntillas en prados verdes de vacas y ovejas amables. Conejos y ciervos paseaban por tan lindos parajes.
Pero de pronto cayó rodando una bruja. Enredados en ella, dos jóvenes apuestos se daban de puñetazos y se insultaban. Los juramentos retumbaban por todo el valle delicioso.
Los conejos y ciervos corrieron a esconderse, al igual que las ovejas. Las vacas mugían alocadas y los caballos relinchaban. Se cayeron al suelo los bailarines besucones y se paró el tiempo.
Ya está bien de tanta tontería gritó la bruja al pie del prado cercano al río, cuando se levantó tras haber parado de rodar. Los señores Pilla y Tarugo dejaron de golpearse en la hierba y se levantaron igualmente.
Asomó la cabeza, la Diosa de los Valles, por encima de una nube que se tornó grisácea.
Ya está bien de tanta tontería gritó la Diosa de los Valles.
Eso ya lo he dicho yo contestó, también gritando, la bruja.
¡A callar se ha dicho, so bruja mala! Y ahora mismo te mando al Valle Gótico, encerrada, por revoltosa, que esto parajes son para los aturdidos jajaja... ¡Hala! y sopló la Diosa de los Valles para donde estaba la bruja y esta fue a parar a un lugar donde las aguas del río eran de sangre, los árboles, esqueletos negros; los prados, barro y la luna siempre medio lucía en tonos de plata rojiza. Aullaban los lobos, los zombis deambulaban y los alaridos llenaban un espacio con olor a fétidos muertos.
Y vosotros, Pilla y Tarugo, la última oportunidad, ¿o queréis acompañar ya a vuestra bruja?
No, señora Diosa, nos peleábamos para ver quién no se la quedaba gritó Tarugo.
Pues ya sabéis, última oportunidad la Diosa de Todo volvió a esconderse en una nube que volvió a ser blanca y bonita.
Al Valle del Amor tornó la normalidad, pero la bruja estaba formando un ejército en su mundo de la oscuridad. La Diosa del Todo había menospreciado la capacidad maligna de su adversaria. Un ejército inmenso rodeaba ahora a los ilusos habitantes del Valle Besucón. Miles de seres sangrantes se hallaban en lo alto de las colinas del Valle de los Gays, como gustaba llamarlo a la bruja. A muchos les faltaban extremidades, otros mostraban sus colmillos vampíricos, sus carnes putrefactas, sus rostros deformados; había monstruos de dos cabezas, animales horrendos y peludos. ¡Un horror de ejército, vamos!
Los habitantes del Valle Chulín danzaban y besuqueaban entre animalitos celestiales cuando la tropa de espeluznantes diablillos bajaba corriendo para exterminarlos.
La Diosa del Todo volvió a asomar por una nube que ahora tronaba y relampagueaba. Rauda de reflejos, al ver lo que se avecinaba, trasladó de un soplido mágico a los del Valle del Filósofo y Tristones. Pero estos no fueron adversarios. Unos, mientras eran arrollados por las tropas del Mal, discutían sobre el carácter y por qué de tal invasión y guerra. Los otros, mientras eran masacrados, ahora tenían alguna razón para llorar verdaderamente.
La Diosa de los Muychulis mandó llamar a los del Valle De los Ancestros Clásicos, los cuales lograron contener y matar a muchos de los malos, pero sus estrategias de guerra eran antiguas y no estaban demasiado unidos, sino confusos de sus artes para la guerra, por lo que La bruja avanzaba hasta los prados donde seguían embobados los crédulos empalagosos de los buenos.
A la Diosa no le quedaba más remedio que usar su casi última y más potente baza: traer de inmediato a los del Valle Real. Sabía que esto era un arma de doble filo, que bien podrían acabar juntándose con el ejército de la bruja. En todo caso, si fallaba esta estratagema, le quedaba su arma apocalíptica, llamar a la guerra a los del Valle de Atontaos, o Surrealistas, como gustaban llamarse ellos.
Los Reales se apuntaron unos con los Besucones, otros con los Muymalos. El señor Pilla encabezó a los que se unieron al Mal; y Tarugo, cuando vino el ejército de los Atontaos, se unió a él.
Cuando ya la victoria de la noche y los aullidos, la oscuridad de las torturas, el tiempo de la Maldad iba a llevarse la victoria y convertir a todos los Valles a sus ideales, los Atontaos, el arma Apocalíptica, empezaron a modificar toda realidad. Ahora, en la escena donde se recreaba la guerra, había un sol que tocaba la guitarra junto a una luna que bebía tequila; los elefantes salían de sus cuevas soterradas con sus orejas excavadoras y absorbían con sus trompas al primero que pillaran por delante; los lobos vestían sombrero de copa y bastones dorados y aporreaban a unos y otros; los conejos cantaban sobre las ramas mientras tiraban piedras que colgaban de las hojas; las golondrinas eran flechas que se clavaban tanto en el ejército Besucón como en el del Mamón; Los caballos volaban y vomitaban cuchillos; los peces jugaban al póquer sentados en la seca hierba y se reían, los muy cabrones; las nubes eran ballenas y dinosaurios meando ácidos del color del arcoíris; la corriente del río corría para adelante y para atrás, ora era de vino, ora de tornillos; ora animaba a unos; ora vociferaba a otros; los árboles iban y venían dando puñetazos a todo dios; la tierra se abría y cerraba masticando al que pillara por delante. O sea, un cacao de aquí te espero.
Al acabar los Atontaos no había nada que conquistar, todo estaba revuelto, en todos los valles había Llorones, Besucones, Góticos... o sea, como he dicho, bien revueltos, por lo que ya no había problemas de ningún tipo; o al revés, había tantos problemas que todo daba igual jajaja...
La diosa de Todo se puso una peluca de colores y montó una hamaca en la nube y mandaba a la porra al que la molestara. La bruja estaba contenta porque ya había liado un tinglado de aquí te espero. Tarugo y Pilla iban y venían por y a los valles, según se les antojara, pero más bien huían de la Bruja jajajá... (que no había dicho su nombre, Bruja jajajá).
¿Volverían a ser las cosa como antes alguna vez? ¿Adónde irían a parar sus caminos, sus destinos? ¿Por qué ha pasado esto? Son preguntas que corrían por los habitantes de los valles del Todo, y en ellas, introducidos en estas cuestiones, pasaban los días, y los años, y las décadas... Mientras, Tarugo y Pilla intentaban encontrar una salida, que no era otra que huir de la bruja jajajá.
Fin. Gracias por leer esta locura.
Todo transcurría entre mariposas que revoloteaban entre flores de una primavera luminosa. Los corazones palpitaban con suspiros delicados, y los labios besaban bajo una brisa cálida donde los enamorados bailaban de puntillas en prados verdes de vacas y ovejas amables. Conejos y ciervos paseaban por tan lindos parajes.
Pero de pronto cayó rodando una bruja. Enredados en ella, dos jóvenes apuestos se daban de puñetazos y se insultaban. Los juramentos retumbaban por todo el valle delicioso.
Los conejos y ciervos corrieron a esconderse, al igual que las ovejas. Las vacas mugían alocadas y los caballos relinchaban. Se cayeron al suelo los bailarines besucones y se paró el tiempo.
Ya está bien de tanta tontería gritó la bruja al pie del prado cercano al río, cuando se levantó tras haber parado de rodar. Los señores Pilla y Tarugo dejaron de golpearse en la hierba y se levantaron igualmente.
Asomó la cabeza, la Diosa de los Valles, por encima de una nube que se tornó grisácea.
Ya está bien de tanta tontería gritó la Diosa de los Valles.
Eso ya lo he dicho yo contestó, también gritando, la bruja.
¡A callar se ha dicho, so bruja mala! Y ahora mismo te mando al Valle Gótico, encerrada, por revoltosa, que esto parajes son para los aturdidos jajaja... ¡Hala! y sopló la Diosa de los Valles para donde estaba la bruja y esta fue a parar a un lugar donde las aguas del río eran de sangre, los árboles, esqueletos negros; los prados, barro y la luna siempre medio lucía en tonos de plata rojiza. Aullaban los lobos, los zombis deambulaban y los alaridos llenaban un espacio con olor a fétidos muertos.
Y vosotros, Pilla y Tarugo, la última oportunidad, ¿o queréis acompañar ya a vuestra bruja?
No, señora Diosa, nos peleábamos para ver quién no se la quedaba gritó Tarugo.
Pues ya sabéis, última oportunidad la Diosa de Todo volvió a esconderse en una nube que volvió a ser blanca y bonita.
Al Valle del Amor tornó la normalidad, pero la bruja estaba formando un ejército en su mundo de la oscuridad. La Diosa del Todo había menospreciado la capacidad maligna de su adversaria. Un ejército inmenso rodeaba ahora a los ilusos habitantes del Valle Besucón. Miles de seres sangrantes se hallaban en lo alto de las colinas del Valle de los Gays, como gustaba llamarlo a la bruja. A muchos les faltaban extremidades, otros mostraban sus colmillos vampíricos, sus carnes putrefactas, sus rostros deformados; había monstruos de dos cabezas, animales horrendos y peludos. ¡Un horror de ejército, vamos!
Los habitantes del Valle Chulín danzaban y besuqueaban entre animalitos celestiales cuando la tropa de espeluznantes diablillos bajaba corriendo para exterminarlos.
La Diosa del Todo volvió a asomar por una nube que ahora tronaba y relampagueaba. Rauda de reflejos, al ver lo que se avecinaba, trasladó de un soplido mágico a los del Valle del Filósofo y Tristones. Pero estos no fueron adversarios. Unos, mientras eran arrollados por las tropas del Mal, discutían sobre el carácter y por qué de tal invasión y guerra. Los otros, mientras eran masacrados, ahora tenían alguna razón para llorar verdaderamente.
La Diosa de los Muychulis mandó llamar a los del Valle De los Ancestros Clásicos, los cuales lograron contener y matar a muchos de los malos, pero sus estrategias de guerra eran antiguas y no estaban demasiado unidos, sino confusos de sus artes para la guerra, por lo que La bruja avanzaba hasta los prados donde seguían embobados los crédulos empalagosos de los buenos.
A la Diosa no le quedaba más remedio que usar su casi última y más potente baza: traer de inmediato a los del Valle Real. Sabía que esto era un arma de doble filo, que bien podrían acabar juntándose con el ejército de la bruja. En todo caso, si fallaba esta estratagema, le quedaba su arma apocalíptica, llamar a la guerra a los del Valle de Atontaos, o Surrealistas, como gustaban llamarse ellos.
Los Reales se apuntaron unos con los Besucones, otros con los Muymalos. El señor Pilla encabezó a los que se unieron al Mal; y Tarugo, cuando vino el ejército de los Atontaos, se unió a él.
Cuando ya la victoria de la noche y los aullidos, la oscuridad de las torturas, el tiempo de la Maldad iba a llevarse la victoria y convertir a todos los Valles a sus ideales, los Atontaos, el arma Apocalíptica, empezaron a modificar toda realidad. Ahora, en la escena donde se recreaba la guerra, había un sol que tocaba la guitarra junto a una luna que bebía tequila; los elefantes salían de sus cuevas soterradas con sus orejas excavadoras y absorbían con sus trompas al primero que pillaran por delante; los lobos vestían sombrero de copa y bastones dorados y aporreaban a unos y otros; los conejos cantaban sobre las ramas mientras tiraban piedras que colgaban de las hojas; las golondrinas eran flechas que se clavaban tanto en el ejército Besucón como en el del Mamón; Los caballos volaban y vomitaban cuchillos; los peces jugaban al póquer sentados en la seca hierba y se reían, los muy cabrones; las nubes eran ballenas y dinosaurios meando ácidos del color del arcoíris; la corriente del río corría para adelante y para atrás, ora era de vino, ora de tornillos; ora animaba a unos; ora vociferaba a otros; los árboles iban y venían dando puñetazos a todo dios; la tierra se abría y cerraba masticando al que pillara por delante. O sea, un cacao de aquí te espero.
Al acabar los Atontaos no había nada que conquistar, todo estaba revuelto, en todos los valles había Llorones, Besucones, Góticos... o sea, como he dicho, bien revueltos, por lo que ya no había problemas de ningún tipo; o al revés, había tantos problemas que todo daba igual jajaja...
La diosa de Todo se puso una peluca de colores y montó una hamaca en la nube y mandaba a la porra al que la molestara. La bruja estaba contenta porque ya había liado un tinglado de aquí te espero. Tarugo y Pilla iban y venían por y a los valles, según se les antojara, pero más bien huían de la Bruja jajajá... (que no había dicho su nombre, Bruja jajajá).
¿Volverían a ser las cosa como antes alguna vez? ¿Adónde irían a parar sus caminos, sus destinos? ¿Por qué ha pasado esto? Son preguntas que corrían por los habitantes de los valles del Todo, y en ellas, introducidos en estas cuestiones, pasaban los días, y los años, y las décadas... Mientras, Tarugo y Pilla intentaban encontrar una salida, que no era otra que huir de la bruja jajajá.
Fin. Gracias por leer esta locura.