ADRIANA RUBIO
Exp..
Intervención de Dios en mi Universo,
¡¡Que al primer soplo de aliento dado!!
Milagro sobrenatural me concedió,
Para siempre llamarte Madre.
Dios mismo manifestándose en tí,
Con su amor me regala cada día,
La grandeza de la verdad y entrega.
Desde tu vientre,
¡Tesón balbuceaba, como tu nombre!!
Agradeciéndote la constancia,
Por todas tus caricias,
Y la fuerza que aprendía de tí.
Por darme la mano cuando caminé,
Te dí las gracias, con miles de sonrisas.
Al transcurrir el tiempo,
Valentía te llamaba,
Por ser cuidadosa conmigo,
Defendiéndome de todos,
Hasta con tu propia vida.
Ternura fué tu nombre,
Por curarme los raspones de mi caminar,
Dedicación le siguió,
Por siempre estar en mis desgracias.
Llenándome de tí.
Otros nombres.
Entendimiento y tranquilidad,
Al hacerme saber que los errores,
Sólo se pagaban una vez en la vida.
Cuando me aferraba a mis necedades!
Y alabanzas te canté,
Por todos méritos y cualidades.
Canté por tus desvelos y tu ahínco.
Y por estar siempre,
Cuando más necesitaba.
Empezó mi admiración,
Elogio te seguí llamando,
Por el esmero afanoso,
De todo lo que hacías,
Por siempre darme lo mejor de tí.
Sin tener carencia alguna.
Crecí llamándote con varios nombres,
Y sólo pronunciaba ¡Madre!!
¡Tolerancia y paciencia, éres hoy!!
Admirable tu coraje y osadía,
Generosidad, Abundancia,
Te acompañan, cada día de mi vivir.
Conciencia y esperanza tengo,
Con una palábra tuya.
Alegría, verdad y amor.
Mis nombres preferidos
Eternos en tí.
¡Varios nombres guardas, sigilosamente.!
Y Pudiera imaginar cuales son:
Silencio, tristeza, desesperación, angustia,
Preocupación, dolor, impotencia, frustración.
Pienso que esos nombres gritabas.
Cuando no había en mí conciencia.
Y los guardas porque
No quisieras que sufriera,
Al saber tu sacrificio de enseñanza
Que ha habído en tí,
Porque de todo ésto, que aprendiste,
Me seguirás enseñando a vivir.
Pero ahora Dios, que en su infinita misericordia,
Me concede la gracia de decirte con amor,
Que has cumplido con la misión que te otorgó.
Por saber tus nombres y aprenderlos, siguiendo
El ejemplo del verdadero sacrificio.
Aunque calles los nombres que no conozco.
Te digo que tienes toda mi admiración
Madre la plenitud de un hijo es tu triunfo,
Y victoriosa éres porque en mí lo has logrado.
Hermosa Madre ¡¡¡Te amo!!!
¡¡Que al primer soplo de aliento dado!!
Milagro sobrenatural me concedió,
Para siempre llamarte Madre.
Dios mismo manifestándose en tí,
Con su amor me regala cada día,
La grandeza de la verdad y entrega.
Desde tu vientre,
¡Tesón balbuceaba, como tu nombre!!
Agradeciéndote la constancia,
Por todas tus caricias,
Y la fuerza que aprendía de tí.
Por darme la mano cuando caminé,
Te dí las gracias, con miles de sonrisas.
Al transcurrir el tiempo,
Valentía te llamaba,
Por ser cuidadosa conmigo,
Defendiéndome de todos,
Hasta con tu propia vida.
Ternura fué tu nombre,
Por curarme los raspones de mi caminar,
Dedicación le siguió,
Por siempre estar en mis desgracias.
Llenándome de tí.
Otros nombres.
Entendimiento y tranquilidad,
Al hacerme saber que los errores,
Sólo se pagaban una vez en la vida.
Cuando me aferraba a mis necedades!
Y alabanzas te canté,
Por todos méritos y cualidades.
Canté por tus desvelos y tu ahínco.
Y por estar siempre,
Cuando más necesitaba.
Empezó mi admiración,
Elogio te seguí llamando,
Por el esmero afanoso,
De todo lo que hacías,
Por siempre darme lo mejor de tí.
Sin tener carencia alguna.
Crecí llamándote con varios nombres,
Y sólo pronunciaba ¡Madre!!
¡Tolerancia y paciencia, éres hoy!!
Admirable tu coraje y osadía,
Generosidad, Abundancia,
Te acompañan, cada día de mi vivir.
Conciencia y esperanza tengo,
Con una palábra tuya.
Alegría, verdad y amor.
Mis nombres preferidos
Eternos en tí.
¡Varios nombres guardas, sigilosamente.!
Y Pudiera imaginar cuales son:
Silencio, tristeza, desesperación, angustia,
Preocupación, dolor, impotencia, frustración.
Pienso que esos nombres gritabas.
Cuando no había en mí conciencia.
Y los guardas porque
No quisieras que sufriera,
Al saber tu sacrificio de enseñanza
Que ha habído en tí,
Porque de todo ésto, que aprendiste,
Me seguirás enseñando a vivir.
Pero ahora Dios, que en su infinita misericordia,
Me concede la gracia de decirte con amor,
Que has cumplido con la misión que te otorgó.
Por saber tus nombres y aprenderlos, siguiendo
El ejemplo del verdadero sacrificio.
Aunque calles los nombres que no conozco.
Te digo que tienes toda mi admiración
Madre la plenitud de un hijo es tu triunfo,
Y victoriosa éres porque en mí lo has logrado.
Hermosa Madre ¡¡¡Te amo!!!
ADRIANA RUBIO.
Queda prohibida la Reproducción Parcial o Total de esta Obra.Sin la Autorización del Autor. ADRIANA RUBIO. Derechos Reservados . Copy rigth