Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Reconozco que mi mayor defecto,
es tratar de que nadie sufra por mi culpa,
aun a costa de mi sufrimiento con afán
Paradójico para un psicólogo,
pero para un buen cristiano: harina de otro costal
Para mí son ataduras que corroen mis años necios,
silencios que indigestan e insalubridad mental
¡Quién sabe!, de pronto tenga suerte y mañana amanezca
un sol violáceo, como mi absurdo pensar
Y es que no siempre importaron mis alas,
pues antes me importaron más las de los demás;
pero a veces me pregunto, si extraño:
¿El horizonte agudo, o el obtuso mar?
Me gusta describir siempre mi rumbo,
con la esperanza de que algún cabo suelto logre atar.
Pero mientras más quiero menos puedo
Y es todo este luto y este encierro, una atroz calamidad.
Huelgan las tristezas por mis predios.
Desteñidos los otoños invaden mi sala de estar.
Y gusanos en mi mente me devoran los pensamientos,
¡si!, hay gusanos que carcomen mi pensar
¿Vosotros no padecéis de ellos?
No, no es necesario contestar
Al fin y al cabo si los tenéis, difícilmente habléis de eso
y probablemente prefiráis el camino de ocultar
Es de mí que quiero hablaros; de lo que siento
pero no sé cómo expresar:
de las sombras que pululan en mi desierto,
de las barcas que se mueven sin remar
Arrastradas por los malos vientos,
arrastradas por la bendita fatalidad
¿Y quién soy yo?, más que un grano de arena en el tiempo,
una gota de agua derramada en la inmensidad.
Soez, el pulpo del señor de los adentros,
se complace en ofenderme con oquedad
Y el olvido, y la ausencia me hacen presa predilecta de los nervios
y de amores dantescos, princesa imperfecta por omisión de austeridad.
Y lágrimas de sangre se indigestan en los sueños
de palabras diminutas como el pulgar
Cuentan los cuentos del averno,
y eso no me asusta tanto, como el pertenecer a algún altar
Más no soy del todo fácil
a veces, como fierecilla encerrada, también muerdo,
y aruño, los despojos que me dan
No sin antes restregarles mis defectos,
para que nunca, aunque me maten o me dejen, me puedan olvidar
Querida Sabrina, tu me hiciste regresar, besos mi niña!!!
es tratar de que nadie sufra por mi culpa,
aun a costa de mi sufrimiento con afán
Paradójico para un psicólogo,
pero para un buen cristiano: harina de otro costal
Para mí son ataduras que corroen mis años necios,
silencios que indigestan e insalubridad mental
¡Quién sabe!, de pronto tenga suerte y mañana amanezca
un sol violáceo, como mi absurdo pensar
Y es que no siempre importaron mis alas,
pues antes me importaron más las de los demás;
pero a veces me pregunto, si extraño:
¿El horizonte agudo, o el obtuso mar?
Me gusta describir siempre mi rumbo,
con la esperanza de que algún cabo suelto logre atar.
Pero mientras más quiero menos puedo
Y es todo este luto y este encierro, una atroz calamidad.
Huelgan las tristezas por mis predios.
Desteñidos los otoños invaden mi sala de estar.
Y gusanos en mi mente me devoran los pensamientos,
¡si!, hay gusanos que carcomen mi pensar
¿Vosotros no padecéis de ellos?
No, no es necesario contestar
Al fin y al cabo si los tenéis, difícilmente habléis de eso
y probablemente prefiráis el camino de ocultar
Es de mí que quiero hablaros; de lo que siento
pero no sé cómo expresar:
de las sombras que pululan en mi desierto,
de las barcas que se mueven sin remar
Arrastradas por los malos vientos,
arrastradas por la bendita fatalidad
¿Y quién soy yo?, más que un grano de arena en el tiempo,
una gota de agua derramada en la inmensidad.
Soez, el pulpo del señor de los adentros,
se complace en ofenderme con oquedad
Y el olvido, y la ausencia me hacen presa predilecta de los nervios
y de amores dantescos, princesa imperfecta por omisión de austeridad.
Y lágrimas de sangre se indigestan en los sueños
de palabras diminutas como el pulgar
Cuentan los cuentos del averno,
y eso no me asusta tanto, como el pertenecer a algún altar
Más no soy del todo fácil
a veces, como fierecilla encerrada, también muerdo,
y aruño, los despojos que me dan
No sin antes restregarles mis defectos,
para que nunca, aunque me maten o me dejen, me puedan olvidar
Querida Sabrina, tu me hiciste regresar, besos mi niña!!!
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