Se trataba de una mañana,
invadida de sol,
y migas dulces;
de nuestras esporas cotidianas y micro relatos….
La ciudad risueña,
entre arrullos,
por sus cabellos de ensueño.
Sedosidad,
y el brillo azulado de los rebaños.
Cuando su tacto me hablaba de amapolas
y el moreno de su piel,
de latidos de otras tierras…
cuando Lorca y Miguel Hernández,
inspiraban
otra parcela de almendros;
las claridades de las geometrías del huerto.
…. Naricilla, en sonrisa de gracia…
que endulzaba mis sentimientos,
de caña;
esos periquitos,
que iban a anidar a su oración.
Simpatías de corrientes artísticas,
afluentes por las manos extendidas;
y mi cuaderno de grillos,
nuestros corazones,
y la escalera de color del bosque.
Rompiente tras rompiente,
de esos tiempos que llegaron por el pecho…
con los néctares del dedo índice;
los anonadados caserones de la memoria,
nuestros caminos trenzados,
de la canela que abriga…
las bordadoras, por patios dalinianos;
las cerámicas,
con las inconmensurables simbologías de los carmines.
invadida de sol,
y migas dulces;
de nuestras esporas cotidianas y micro relatos….
La ciudad risueña,
entre arrullos,
por sus cabellos de ensueño.
Sedosidad,
y el brillo azulado de los rebaños.
Cuando su tacto me hablaba de amapolas
y el moreno de su piel,
de latidos de otras tierras…
cuando Lorca y Miguel Hernández,
inspiraban
otra parcela de almendros;
las claridades de las geometrías del huerto.
…. Naricilla, en sonrisa de gracia…
que endulzaba mis sentimientos,
de caña;
esos periquitos,
que iban a anidar a su oración.
Simpatías de corrientes artísticas,
afluentes por las manos extendidas;
y mi cuaderno de grillos,
nuestros corazones,
y la escalera de color del bosque.
Rompiente tras rompiente,
de esos tiempos que llegaron por el pecho…
con los néctares del dedo índice;
los anonadados caserones de la memoria,
nuestros caminos trenzados,
de la canela que abriga…
las bordadoras, por patios dalinianos;
las cerámicas,
con las inconmensurables simbologías de los carmines.