Aun recuerdo mi alegre adolescencia
y aquella bella joven, mi vecina,
nos tenía a los mozos muy frecuente
apostados, ocultos en la esquina.
Al llegar a la puerta de la iglesia,
cuando el ruido de pasos se sentía
igual que si nos dieran anestesia
como estatuas de mármol nos tenía.
Poseía buen porte, rostro hermoso
actitud altanera, no fingida,
pues tal vez sin querer nos ignoraba
al tener tal postura decidida.
Paso el tiempo y sentado yo en un banco
no sé por qué en un triste y nublo día
pasó casi a mi lado un gran cortejo
y al saber que era ella ¡quién diría…!
que esta vez al pasar, no pude verla,
dos lagrimas regaban mis mejillas,
que en aras de flirteos imposibles...
brotaron de mis ojos a hurtadillas.
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y aquella bella joven, mi vecina,
nos tenía a los mozos muy frecuente
apostados, ocultos en la esquina.
Al llegar a la puerta de la iglesia,
cuando el ruido de pasos se sentía
igual que si nos dieran anestesia
como estatuas de mármol nos tenía.
Poseía buen porte, rostro hermoso
actitud altanera, no fingida,
pues tal vez sin querer nos ignoraba
al tener tal postura decidida.
Paso el tiempo y sentado yo en un banco
no sé por qué en un triste y nublo día
pasó casi a mi lado un gran cortejo
y al saber que era ella ¡quién diría…!
que esta vez al pasar, no pude verla,
dos lagrimas regaban mis mejillas,
que en aras de flirteos imposibles...
brotaron de mis ojos a hurtadillas.
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