Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Dormida sigues en mi... recostada.
Inconsciente pero vivamente, te noto
desatascando mi pluma de los trombos
que le impedían el antiguo lenguaje
que amainaba mis maremotos.
De aquéllos oleajes que izaba mi boca,
extrajo tu playa piedras redondas,
gastadas por el ir y venir del sentimiento
que arañaba la dureza de mi locura,
que libre, se saltaba tus rotondas.
El mar de lo ajeno a devuelto tu cara.
Y amanece en mí, como ciclo infinito,
el chisporroteo que hacían tus manos,
pellizcando aquélla manera única de quererme
y esa costumbre tuya, de morirte bajo mi piel
reventando como globo mi amor por ti.
Me parece tocarte si la tempestad me muerde,
como mordía mis ansias la viva boca
del dragón que quemaba lo antes frío y seco.
Y muere un poema si digo tu nombre.
Mueren las palabras dichas en agonía,
que surcaron tu piel como velero en mar seco,
arañándola como una cuchilla sin afilar.
Mueren, como si mi lengua fuera sentencia
dicha por un juez sin titulo ni leyes.
Mueren como moriste tú, abandonada
el día que los años sin ti, me gritaron
que sigues en mí... recostada.
Inconsciente pero vivamente, te noto
desatascando mi pluma de los trombos
que le impedían el antiguo lenguaje
que amainaba mis maremotos.
De aquéllos oleajes que izaba mi boca,
extrajo tu playa piedras redondas,
gastadas por el ir y venir del sentimiento
que arañaba la dureza de mi locura,
que libre, se saltaba tus rotondas.
El mar de lo ajeno a devuelto tu cara.
Y amanece en mí, como ciclo infinito,
el chisporroteo que hacían tus manos,
pellizcando aquélla manera única de quererme
y esa costumbre tuya, de morirte bajo mi piel
reventando como globo mi amor por ti.
Me parece tocarte si la tempestad me muerde,
como mordía mis ansias la viva boca
del dragón que quemaba lo antes frío y seco.
Y muere un poema si digo tu nombre.
Mueren las palabras dichas en agonía,
que surcaron tu piel como velero en mar seco,
arañándola como una cuchilla sin afilar.
Mueren, como si mi lengua fuera sentencia
dicha por un juez sin titulo ni leyes.
Mueren como moriste tú, abandonada
el día que los años sin ti, me gritaron
que sigues en mí... recostada.
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