pablo barattini
Poeta asiduo al portal
Los poetas transitando
caminos de palabras,
y nosotros,
nosotros abrazados
llegamos hasta el río
custodiados por adobes,
por faroles y penumbras
y calles empedradas.
La Luna por testigo
el silencio y la montaña.
La quebrada fue más honda
esa noche de Tilcara.
¿Recuerdas,
recuerdas Sue?
Tu corazón y el mío
latiendo al compás
de música de cajas,
de charangos,
de quenas,
de bombos y de tarcas.
¿recuerdas?
La Luna se acercó
iluminando tu mirada
y en ella reflejó
el fondo de tu alma.
Hoy puedo decir
que no hay nada
nada, nada
que se pueda comparar,
ni la más hermosa Luna
ni la estrella más lejana
ni el aroma de las flores
ni el Sol de la mañana
ni la pristina vertiente
ni la nieve en la montaña
se le puede comparar
al candor de tu mirada.
¿Recueras,
recuerdas Sue?
La Peña de Carlitos
en la esquina de la plaza,
La sombra del ombú
que la Luna dibujaba
y tu,
y tu ceñida a mi
esa noche de Tilcara.
caminos de palabras,
y nosotros,
nosotros abrazados
llegamos hasta el río
custodiados por adobes,
por faroles y penumbras
y calles empedradas.
La Luna por testigo
el silencio y la montaña.
La quebrada fue más honda
esa noche de Tilcara.
¿Recuerdas,
recuerdas Sue?
Tu corazón y el mío
latiendo al compás
de música de cajas,
de charangos,
de quenas,
de bombos y de tarcas.
¿recuerdas?
La Luna se acercó
iluminando tu mirada
y en ella reflejó
el fondo de tu alma.
Hoy puedo decir
que no hay nada
nada, nada
que se pueda comparar,
ni la más hermosa Luna
ni la estrella más lejana
ni el aroma de las flores
ni el Sol de la mañana
ni la pristina vertiente
ni la nieve en la montaña
se le puede comparar
al candor de tu mirada.
¿Recueras,
recuerdas Sue?
La Peña de Carlitos
en la esquina de la plaza,
La sombra del ombú
que la Luna dibujaba
y tu,
y tu ceñida a mi
esa noche de Tilcara.