Tu nombre, lo busco y no aparece,
solo tu aroma de esparcido armino,
en la regia batalla permanece.
Aquella hermosa rosa de carino,
la guardo, cual recuerdo hermoso carga
en su alma de cristal un tierno nino.
Apacible quietud, siendo tan larga,
recordarla resulta placentera,
sensible y dulce, pero nunca amarga.
Tu sonrisa era franca y verdadera,
tu imagen luminosa, blanca y rubia,
tu mirada inocente y muy certera.
A veces miro tu silueta turbia
corriendo entre las ondas pasajeras
de la estriptosa sombra de la lluvia.
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::german g