alfredo ajo gonzalez
Poeta fiel al portal
El día que no importa se desliza
por los senderos ahogados de zarzas
y melancolías blandas lloviznan
se guarece un niño cumplido en risas.
Antiguos callejos, otra vez monte,
recuerdos míos llegan, se resisten
a las sombras que me rondan y visten.
Callejón oscuro de mí horizonte.
Callejón oscuro de abrupto suelo
donde aprendí a correr ahora no puedo
casi ni andar por las aceras lisas,
frías,de esta iluminada ciudad;
repleta de semáforos y prisas,
sin noche para que reinen los astros,
porque aquí la oscuridad tiene miedo
del hombre traidor de todos los sueños.
Dando la mano a su niño este viejo
que salta y corre terco por sus rimas...
memorias de frente entre dos espejos...
multitud, existencia en los reflejos.
por los senderos ahogados de zarzas
y melancolías blandas lloviznan
se guarece un niño cumplido en risas.
Antiguos callejos, otra vez monte,
recuerdos míos llegan, se resisten
a las sombras que me rondan y visten.
Callejón oscuro de mí horizonte.
Callejón oscuro de abrupto suelo
donde aprendí a correr ahora no puedo
casi ni andar por las aceras lisas,
frías,de esta iluminada ciudad;
repleta de semáforos y prisas,
sin noche para que reinen los astros,
porque aquí la oscuridad tiene miedo
del hombre traidor de todos los sueños.
Dando la mano a su niño este viejo
que salta y corre terco por sus rimas...
memorias de frente entre dos espejos...
multitud, existencia en los reflejos.
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