πxel
Enzo Molinari - πxel - Costa Rica
Recuerdo
el agua de mar encima de tu arena,
y esa especie de conmoción desabrochada, que sin pena,
gustaba de ahogar el sol bajo tus entrañas;
también evoco tus madrugadas desesperadas, exhaustas,
sin presteza, sin pereza, mis brillantes mañanas,
y mis tardes grises llorando tu ausencia;
Recuerdo
el horizonte perdido más allá de tus pupilas,
y las cuatro paredes que de manera inmutable, perenne,
enmudecieron todo aquello que nos hizo secuaces.
O, todo aquello que, para bien o para mal,
testificaba todos los vestigios soñolientos, fugaces,
de tus secretos impunes detrás de mi cortina.
Recuerdo
los aromas a vapor descafeinado, volátil,
la complicidad de las noches que necesitaban callarse
y tus esencias recién esparcidas al momento.
Me arranco las ganas, y las canas,
de no poder evitar de algún modo odiarte, respirarte,
ni tener la dicha de convivir con tus memorias.
Recuerdo...
Recuerdo bien cada poro, cada página, cada latido,
y cada cicatriz a la distancia que se durmió sin Morfeo
al instante de adherirse a la gloria.
Me arrepiento de tanto arrebato, delirio, encomio barato;
de no poder sobrevivir bajo tu escuálida luna
y de haberme sepultado antes de mi tiempo.
Recuerdo...
Recuerdo el suplicio que drenó mis arterias, el castigo sin la pena.
Y evito evocar ante todo, aquel secreto ingrato,
que recordarlo podría asesinarme de nuevo.
Te recuerdo a ti, mi anhelo, mi desvelo,
en cada cabello, en cada neurona, en cada gota de sangre,
y en los segundos diarios que ahora parecen no estar conmigo.
Y hoy,
cuando no sé si soy quien ya no recuerda si todavía soy,
simplemente yo, recuerdo la vida...
http://palabras-arrancadas-al-alma.blogspot.com/2015/10/recuerdo.html
el agua de mar encima de tu arena,
y esa especie de conmoción desabrochada, que sin pena,
gustaba de ahogar el sol bajo tus entrañas;
también evoco tus madrugadas desesperadas, exhaustas,
sin presteza, sin pereza, mis brillantes mañanas,
y mis tardes grises llorando tu ausencia;
Recuerdo
el horizonte perdido más allá de tus pupilas,
y las cuatro paredes que de manera inmutable, perenne,
enmudecieron todo aquello que nos hizo secuaces.
O, todo aquello que, para bien o para mal,
testificaba todos los vestigios soñolientos, fugaces,
de tus secretos impunes detrás de mi cortina.
Recuerdo
los aromas a vapor descafeinado, volátil,
la complicidad de las noches que necesitaban callarse
y tus esencias recién esparcidas al momento.
Me arranco las ganas, y las canas,
de no poder evitar de algún modo odiarte, respirarte,
ni tener la dicha de convivir con tus memorias.
Recuerdo...
Recuerdo bien cada poro, cada página, cada latido,
y cada cicatriz a la distancia que se durmió sin Morfeo
al instante de adherirse a la gloria.
Me arrepiento de tanto arrebato, delirio, encomio barato;
de no poder sobrevivir bajo tu escuálida luna
y de haberme sepultado antes de mi tiempo.
Recuerdo...
Recuerdo el suplicio que drenó mis arterias, el castigo sin la pena.
Y evito evocar ante todo, aquel secreto ingrato,
que recordarlo podría asesinarme de nuevo.
Te recuerdo a ti, mi anhelo, mi desvelo,
en cada cabello, en cada neurona, en cada gota de sangre,
y en los segundos diarios que ahora parecen no estar conmigo.
Y hoy,
cuando no sé si soy quien ya no recuerda si todavía soy,
simplemente yo, recuerdo la vida...
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