half-blood princess
Poeta recién llegado
Como una rosa por la noche,
mi color palideció con el tiempo.
Amarga pérdida regida por momentos,
de una gota de amor rasgándome la sonrisa
y tiñendo mi corazón del rojo al negro.
Alguien me contó que estaba perdida en tus ojos,
engañé a alguien, contándole que no te quería.
Los relojes se derritieron y me creí Dalí,
las agujas del tiempo resbalaron,
lentamente,
y yo lloré y me creí triste.
Llovía y me miré al espejo
y la calle me devolvió mi rostro.
Quise morir quizás sin decir nada,
y buscar la daga en otra parte.
Rasgaría mi piel con fiereza, odio,
creyendo estar haciéndote daño,
convirtiendo mi sangre por tu culpa negra,
en venganza eterna contra mí.
En un rincón de mi mundo,
en un pequeño lugar para nadie,
para alguien que jamás fue nadie,
para carne, alma y miedo;
para lágrimas, tristeza y cobardía.
Yací durante horas donde ya había estado,
esperando convencida de que el mundo,
tan bello, grande y duro;
decidiría ayudarme.
Pero seguí sola.
Pero esperé, sola.
Como la niña indefensa
que un día creyó ser mujer,
me dejé llevar por la esperanza,
y una vez más
alguien me puso en pie.
mi color palideció con el tiempo.
Amarga pérdida regida por momentos,
de una gota de amor rasgándome la sonrisa
y tiñendo mi corazón del rojo al negro.
Alguien me contó que estaba perdida en tus ojos,
engañé a alguien, contándole que no te quería.
Los relojes se derritieron y me creí Dalí,
las agujas del tiempo resbalaron,
lentamente,
y yo lloré y me creí triste.
Llovía y me miré al espejo
y la calle me devolvió mi rostro.
Quise morir quizás sin decir nada,
y buscar la daga en otra parte.
Rasgaría mi piel con fiereza, odio,
creyendo estar haciéndote daño,
convirtiendo mi sangre por tu culpa negra,
en venganza eterna contra mí.
En un rincón de mi mundo,
en un pequeño lugar para nadie,
para alguien que jamás fue nadie,
para carne, alma y miedo;
para lágrimas, tristeza y cobardía.
Yací durante horas donde ya había estado,
esperando convencida de que el mundo,
tan bello, grande y duro;
decidiría ayudarme.
Pero seguí sola.
Pero esperé, sola.
Como la niña indefensa
que un día creyó ser mujer,
me dejé llevar por la esperanza,
y una vez más
alguien me puso en pie.