Troto
Pablo Romero Parada
La blancura de tu piel era hermosa
como el pelo negro o como la suavidad de las pecas tuyas
esparciéndose por los rayos de sol.
La claridad del verano se eternizaba
entre las luces de las bombillas de tu cuarto
y con los días grises del otoño también.
Era la espuma un colapso de tu mirada etérea
y tu impulso por describir la realidad,
realidad pura
Y motivos del vino y de sed calma.
La curvatura de tus formas se esponjea
entre todo lo ya visto y es dura
como dura es tu inocencia y el esfuerzo tuyo
del progreso.
Me place tu pupila y tu mirada,
tu ingreso indescriptible acallando y esa risa dentada
y esos olluelos circulares
y ese olor fresco de bosque ilusorio,
y ese: "como pensando en todos..."
Como la preocupación tuya y como tu llanto
por la muerte;
como tu debilidad enfrentándose a otras fuerzas longevas
y venciendo.
Venciendo siempre.
Venciéndome.
como el pelo negro o como la suavidad de las pecas tuyas
esparciéndose por los rayos de sol.
La claridad del verano se eternizaba
entre las luces de las bombillas de tu cuarto
y con los días grises del otoño también.
Era la espuma un colapso de tu mirada etérea
y tu impulso por describir la realidad,
realidad pura
Y motivos del vino y de sed calma.
La curvatura de tus formas se esponjea
entre todo lo ya visto y es dura
como dura es tu inocencia y el esfuerzo tuyo
del progreso.
Me place tu pupila y tu mirada,
tu ingreso indescriptible acallando y esa risa dentada
y esos olluelos circulares
y ese olor fresco de bosque ilusorio,
y ese: "como pensando en todos..."
Como la preocupación tuya y como tu llanto
por la muerte;
como tu debilidad enfrentándose a otras fuerzas longevas
y venciendo.
Venciendo siempre.
Venciéndome.
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