ropittella
Poeta veterana en el Portal
Hoy quiero contarte,
muy a pesar de mi alma sola
y mi cuerpo ajado por los años,
que toda la ternura entre nosotros
sucedida, como precioso tesoro
la he guardado.
Dormida semilla
de lo que pudo ser
de cómo y cuánto.
Nos amó juntos,
aquella música que
con dulzura de tus jóvenes manos
arrancabas del arpa, a las orillas del lago.
Atardecer soñado.
Tanto nos unió,
en su infinita calma,
en la precoz intensidad
de la emoción abierta,
del agua quieta, del sol
bajando,
que tal mística quietud
ardió en los cuerpos,
y con la sabiduría del eco
unido a la montaña sin rozarla,
nos amamos sin tocarnos.
Sin hablarnos.
De casi nada me arrepiento,
de casi todo me hago cargo,
también de tu amor, imposible,
nunca pasajero, tan callado.
El que se idealiza, no hace daño,
aunque un poco me duela...
cuando de tanto en tanto, recuerdo,
que nos amamos simplemente,
sin hablarnos.
Sin tocarnos.
Hoy que no es tarde -nunca es tarde-
para decir verdades,
se me hace necesario confesarte
que cuenta no me di,
de tu anhelo, tan callado...
Que pudimos, sí,
haber sido
uno, sin pecado.
Y allí quedaron
a las orillas de lago,
atardecer soñado:
mi inconciente desdén
y tu anhelo,
tan callado...
Mas es inútil el pasado.
El presente que vivimos
Es aquí, es así,
y nos mantiene alejados...
muy a pesar de mi alma sola
y mi cuerpo ajado por los años,
que toda la ternura entre nosotros
sucedida, como precioso tesoro
la he guardado.
Dormida semilla
de lo que pudo ser
de cómo y cuánto.
Nos amó juntos,
aquella música que
con dulzura de tus jóvenes manos
arrancabas del arpa, a las orillas del lago.
Atardecer soñado.
Tanto nos unió,
en su infinita calma,
en la precoz intensidad
de la emoción abierta,
del agua quieta, del sol
bajando,
que tal mística quietud
ardió en los cuerpos,
y con la sabiduría del eco
unido a la montaña sin rozarla,
nos amamos sin tocarnos.
Sin hablarnos.
De casi nada me arrepiento,
de casi todo me hago cargo,
también de tu amor, imposible,
nunca pasajero, tan callado.
El que se idealiza, no hace daño,
aunque un poco me duela...
cuando de tanto en tanto, recuerdo,
que nos amamos simplemente,
sin hablarnos.
Sin tocarnos.
Hoy que no es tarde -nunca es tarde-
para decir verdades,
se me hace necesario confesarte
que cuenta no me di,
de tu anhelo, tan callado...
Que pudimos, sí,
haber sido
uno, sin pecado.
Y allí quedaron
a las orillas de lago,
atardecer soñado:
mi inconciente desdén
y tu anhelo,
tan callado...
Mas es inútil el pasado.
El presente que vivimos
Es aquí, es así,
y nos mantiene alejados...
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