William Peldragon
Poeta recién llegado
Bajo la melodía del alba hoy se consume la melancolía que desde antaño a mi alma aqueja
Entre nubes de espesa agonía mi ser reclama a gritos esa felicidad que en tu mirada se alberga He incluso hoy la penetrante idea del no verte asé que mi ser sucumba ante el trágico deseo de un momento fugas en el que ¡Ho mi dulce dama! quisiera fundirme eternamente.
Pero la agonía del incesante tiempo como pedestal de amargura que se burla constantemente de mi sufrimiento hace traer hasta mí, la lúgubre noche que se derrumba entre recuerdos del elido diciembre que angustian del deseo de un nuevo día que se va encareciendo ante los espectros moribundos de tu recuerdo.
Como sepultura lúgubre que guarda profecías antiguas y marchitas, el crujir triste, vago, escalofriante, del cerrojo de tu puerta llenaba me de fantásticos terrores jamás antes sentidos
Y ahora aquí en pie callando el latido mi corazón Caminando hacia la ribera de la noche plutonica abrace mi soledad que permanecía intacta
Con el ánimo marchitado emprendí camino hacia el sendero de la noche plutonica Paso a paso con el dolor abrazándose a mi alma la soledad se abrazo a mi ser y grite presuntuoso al aire el tormento que aquejaba mi alma, posado inmóvil en medio de la penetrante noche espere la respuesta a mis lamentos
Oscuridad y nada más es todo lo que me contestaba la ribera
Y aun ahora el dolor nunca se fue aun sigue postrado en la pálida aurora que destellaba la pequeña luz tenue de la lámpara sobre ella
Que tendía y derramaba en su rostro suaves espectros de sombras matizados por sueños y mi alma del fondo de esa sombra que flota sobre ella no podrá reclamar un beso jamás
Entre nubes de espesa agonía mi ser reclama a gritos esa felicidad que en tu mirada se alberga He incluso hoy la penetrante idea del no verte asé que mi ser sucumba ante el trágico deseo de un momento fugas en el que ¡Ho mi dulce dama! quisiera fundirme eternamente.
Pero la agonía del incesante tiempo como pedestal de amargura que se burla constantemente de mi sufrimiento hace traer hasta mí, la lúgubre noche que se derrumba entre recuerdos del elido diciembre que angustian del deseo de un nuevo día que se va encareciendo ante los espectros moribundos de tu recuerdo.
Como sepultura lúgubre que guarda profecías antiguas y marchitas, el crujir triste, vago, escalofriante, del cerrojo de tu puerta llenaba me de fantásticos terrores jamás antes sentidos
Y ahora aquí en pie callando el latido mi corazón Caminando hacia la ribera de la noche plutonica abrace mi soledad que permanecía intacta
Con el ánimo marchitado emprendí camino hacia el sendero de la noche plutonica Paso a paso con el dolor abrazándose a mi alma la soledad se abrazo a mi ser y grite presuntuoso al aire el tormento que aquejaba mi alma, posado inmóvil en medio de la penetrante noche espere la respuesta a mis lamentos
Oscuridad y nada más es todo lo que me contestaba la ribera
Y aun ahora el dolor nunca se fue aun sigue postrado en la pálida aurora que destellaba la pequeña luz tenue de la lámpara sobre ella
Que tendía y derramaba en su rostro suaves espectros de sombras matizados por sueños y mi alma del fondo de esa sombra que flota sobre ella no podrá reclamar un beso jamás