Tan tiernamente modernos…
en cálida piel de amaneceres,
os dirían los rotundos labradores de guitarras,
que se abren, aliento con aliento, las ventanas…
cuando escribe en el café la hierbabuena,
y nuevamente, traen las nubes, filigranas…
Revolotean mariposas de tacto azul translucido,
improvisan bondad las florecillas;
arraigan las tachuelas, en honduras infinitas…
con pestañas larguísimas,
cuando hablan de casi llegar a ese otro rasgo de la luna,
con leopardos que se elevan;
por esas noches de sinuosos susurros de los montes…
en el casco viejo,
con las sombras de los peces de cerámica,
y el caudal de voces callejeras;
a la otra orilla del reloj de cuco,
con ese sol que nos resiste en símbolos,
o se refugia entre los patos.
(Un poema dedicado a mi amiga Miren Edurne).
en cálida piel de amaneceres,
os dirían los rotundos labradores de guitarras,
que se abren, aliento con aliento, las ventanas…
cuando escribe en el café la hierbabuena,
y nuevamente, traen las nubes, filigranas…
Revolotean mariposas de tacto azul translucido,
improvisan bondad las florecillas;
arraigan las tachuelas, en honduras infinitas…
con pestañas larguísimas,
cuando hablan de casi llegar a ese otro rasgo de la luna,
con leopardos que se elevan;
por esas noches de sinuosos susurros de los montes…
en el casco viejo,
con las sombras de los peces de cerámica,
y el caudal de voces callejeras;
a la otra orilla del reloj de cuco,
con ese sol que nos resiste en símbolos,
o se refugia entre los patos.
(Un poema dedicado a mi amiga Miren Edurne).
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