de acuerdo estimado JMacgar,
pero también veo en uno de los ejemplos que traes, “llave áurea caída //an-te el -pór-ti-co- áu-reo”, que no realiza la triple sinalefa que tú necesitas (coau), lo que no digo que esté mal, sino que fuerza la situación; bueno, la cantidad de sílabas de áureo, figura en el diccionario de rimas con tres y seguramente puedo invocar tantos versos que así lo traten como tantos has traído a colación,
lo que me refirma en la idea de mi ilustre antepasado y tocayo, quien decía, que en los casos (ao, ae, oa, y oe y sus recíprocas hay cierta incertidumbre en si forman diptongo) y agrega: A estas reglas claras y sencillas hay que agregar una observación que evitará muchos extravíos a quienes de este asunto se ocupen, y es la siguiente: Los ejemplos en verso no sirven para fijar la diptongación en los casos particulares, aun cuando respetabilísimos autores los citen como prueba decisiva. Así, el señor Benot para probar que héroe y Méroe son disílabos cita más de doscientos versos de diversos poetas de nota, que como tales lo emplean. En cambio, otros prosodistas llaman a deponer en contra a nuevos poetas o acaso a los mismos, que en diversas ocasiones dijeron hé-ro-e. Mé-ro-e. en tres tiempos. Si la primera prueba fue aceptable, de idéntica manera lo sería la segunda, y de ahí resultaría que héroe es disílabo, y trisílabo a la vez, o en otros términos, que la combinación inacentuada oe forma y no forma diptongo. Absurdo que proviene de suponer que el verso sea medio de comprobar la existencia o no existencia de un diptongo. Hay en verso ejemplos excelentes para probar que diptongan todas las combinaciones posibles de dos vocales, y también los hay para probar lo contrario. Luego el verso por probar demasiado, nada prueba; y por lo tanto no debe apelarse a ese recurso falaz al fijar la diptongación castellana, sea cual fuere el método que se siga, so pena de incurrir a cada paso en contradicciones e incongruencias. En el verso que marca la faz antigua de este género de investigación,el verso ha tenido y tiene una capital importancia. En aquel método, más filológico que lingüístico, más individual que general, más analítico que sintético, más histórico que natural, antes que el simple valor fonético se busca la prosodia de la palabra, y para fijarla se apela al testimonio de los poetas, en su lenguaje sujeto a número y medida. Para no caer en semejante error, formulado como si fuera una verdad incontestable, basta no olvidar que los mejores poetas dan sucesivamente ejemplos contradictorios, unos que niegan y otros que afirman, como acabamos de hacerlo notar. De la contradicción no puede salir ninguna verdad. etc. etc.
Por eso, estimado, lejos de criticar tu criterio, acepto cualquier combinación que ajuste la métrica o sinalefa que resulte agradable al oído del lector o del poeta, porque es en definitiva el mejor juez de los recursos utilizados. Hay numerosos ejemplos de lo citado, que lo confirman.
un salud cordial,
Eduardo