Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Me reclino,
y al mirar tus ojos escanciados, repongo tus virtudes, elevo tus temores,
los hago míos, los recibo, los envío,
los convierto en súplicas, ruegos y juegos,
juego a tus velos,
a tus anchas caderas repartidas por mi cuerpo, a mis amplias y extremas extremidades adosadas a tu piel,
refrescante flor de piel,
con la miel y la hiel, juntas en eterno abrazo,
retazos de mis manos, que derriten tus sentidos, que remueven tus tejidos,
que los beben,
los decoran,
los enamoran,
los envuelven, los retuercen,
los reciben y los vierten,
constante flujo es el mar de tus abrazos,
como ese Mar de los Sargazos donde todos nos hemos perdido alguna vez,
donde dibujamos melodías que se pierden en túneles del tiempo,
con vigías sin atalayas,
con riscos, con vientos,
en el oscuro rincón de tus desiertos, colmados de años bisiestos, impopulares,
fatales, pero muy populares,
como tus manos que repiten sus viajes por mi espalda,
en guirnalda de emociones, de violentos encontrones,
como palmas disparadas al sol,
como cielos cayendo sobre humanos,
malsanos,
villanos,
como es la noche cuando no podemos detener nuestras pasiones,
y corremos veloces al encuentro de nuestras emociones,
como una noche que chupa las nociones, y las naciones,
como al correr de tus ojos, tus manos, tus hombros, mis naciones,
me pervierto por ti y de ti,
sublevo distante tus caderas cimbreantes, amenazantes y suplicantes,
todo es nuestro,
todo principio y final, todo curvo, el mensaje repleto de emisiones,
tus miradas colmadas de sugerencias sugestiones, rincones, variaciones,
quejidos en mensajes y los mensajes de tus quejidos,
por esa mano mí que no cesa de buscarte,
de tocarte,
incorporarte y saciarte,
enamorarte,
apasionarte y llenarte de quejidos, de horror y de espanto, de quebranto,
de pasión y lujuria,
de arrullo y lujuria,
por ventura,
por lisura,
por tus ojos escarpados, por tu figura.
y al mirar tus ojos escanciados, repongo tus virtudes, elevo tus temores,
los hago míos, los recibo, los envío,
los convierto en súplicas, ruegos y juegos,
juego a tus velos,
a tus anchas caderas repartidas por mi cuerpo, a mis amplias y extremas extremidades adosadas a tu piel,
refrescante flor de piel,
con la miel y la hiel, juntas en eterno abrazo,
retazos de mis manos, que derriten tus sentidos, que remueven tus tejidos,
que los beben,
los decoran,
los enamoran,
los envuelven, los retuercen,
los reciben y los vierten,
constante flujo es el mar de tus abrazos,
como ese Mar de los Sargazos donde todos nos hemos perdido alguna vez,
donde dibujamos melodías que se pierden en túneles del tiempo,
con vigías sin atalayas,
con riscos, con vientos,
en el oscuro rincón de tus desiertos, colmados de años bisiestos, impopulares,
fatales, pero muy populares,
como tus manos que repiten sus viajes por mi espalda,
en guirnalda de emociones, de violentos encontrones,
como palmas disparadas al sol,
como cielos cayendo sobre humanos,
malsanos,
villanos,
como es la noche cuando no podemos detener nuestras pasiones,
y corremos veloces al encuentro de nuestras emociones,
como una noche que chupa las nociones, y las naciones,
como al correr de tus ojos, tus manos, tus hombros, mis naciones,
me pervierto por ti y de ti,
sublevo distante tus caderas cimbreantes, amenazantes y suplicantes,
todo es nuestro,
todo principio y final, todo curvo, el mensaje repleto de emisiones,
tus miradas colmadas de sugerencias sugestiones, rincones, variaciones,
quejidos en mensajes y los mensajes de tus quejidos,
por esa mano mí que no cesa de buscarte,
de tocarte,
incorporarte y saciarte,
enamorarte,
apasionarte y llenarte de quejidos, de horror y de espanto, de quebranto,
de pasión y lujuria,
de arrullo y lujuria,
por ventura,
por lisura,
por tus ojos escarpados, por tu figura.