En el contenido inmenso de mi vida
persistes como una luz que todo lo ilumina,
desde el primero y cercano instante
hasta la misma y total eternidad.
Aunque nada es eterno en el Universo
permaneces clara en mi existencia:
porque el recuerdo te devuelve a mí
inolvidable al siempre de nosotros.
Si todo cambia y nada es lo mismo,
mis remembranzas tu imagen reconstruyen,
en un halo acariciante te convierten
y apareces única, incomparable y reluciente.
Acepto que no soy el mismo del ayer
pero, en cambio, tú no dejas de ser maravillosa,
porque en mis reminiscencias te conservo
tal como eres: mi flor de delicias inmortales.
En la nostalgia de los momentos que regresan
con su aroma incandescente y melodioso,
del jardín de mis ilusiones yertas
surges impoluta con el fulgor de un ángel.
Si la Vida nos cobra los errores,
yo los míos con creces voy pagando
en forma de renunciación involuntaria,
a modo de expiación no consentida.
En el sopor de la rutina sumergido,
en la penumbra de mis planes postergados,
presiento, como la última prueba de que existo,
el aire purificador de una esperanza cierta.
No obstante que no caben ya en mi corazón amores,
como ya no alcanza mi alma a encontrar placeres:
me conformo con la pretérita dicha juntos,
con el éxtasis paradisíaco que vivimos.
Camino por el mundo con la soledad amiga,
alegre, disfrutando del pasado efímero,
desgastando el presente entre mis sueños
y sublimando el futuro en tu recuerdo
persistes como una luz que todo lo ilumina,
desde el primero y cercano instante
hasta la misma y total eternidad.
Aunque nada es eterno en el Universo
permaneces clara en mi existencia:
porque el recuerdo te devuelve a mí
inolvidable al siempre de nosotros.
Si todo cambia y nada es lo mismo,
mis remembranzas tu imagen reconstruyen,
en un halo acariciante te convierten
y apareces única, incomparable y reluciente.
Acepto que no soy el mismo del ayer
pero, en cambio, tú no dejas de ser maravillosa,
porque en mis reminiscencias te conservo
tal como eres: mi flor de delicias inmortales.
En la nostalgia de los momentos que regresan
con su aroma incandescente y melodioso,
del jardín de mis ilusiones yertas
surges impoluta con el fulgor de un ángel.
Si la Vida nos cobra los errores,
yo los míos con creces voy pagando
en forma de renunciación involuntaria,
a modo de expiación no consentida.
En el sopor de la rutina sumergido,
en la penumbra de mis planes postergados,
presiento, como la última prueba de que existo,
el aire purificador de una esperanza cierta.
No obstante que no caben ya en mi corazón amores,
como ya no alcanza mi alma a encontrar placeres:
me conformo con la pretérita dicha juntos,
con el éxtasis paradisíaco que vivimos.
Camino por el mundo con la soledad amiga,
alegre, disfrutando del pasado efímero,
desgastando el presente entre mis sueños
y sublimando el futuro en tu recuerdo