Bakier
Poeta fiel al portal
Recuerdo el tiempo en que era un niño, junto a mi hermano, cruzábamos los
Secos llanos, montados en un burro, el maeño le llamábamos, mañoso,
Trotón, pero como me gustaba montarme al pelo y correr camino al río,
Sentir la brisa en mi rostro, sin ninguna preocupación, pena ni mucho
Menos un remordimiento. Viviendo como cualquier niño.
Recuerdo a mi abuelo, cargándome en sus brazos, el teniente me decía,
Mientras me pasaba su barba de una semana por la cara, cuanto me picaba,
Pero como me gustaba jugar con el, pescar solo para verlo comer, con tanto gusto
Y escuchar sus palabras fuertes cuando me decían ja!... ese es mi teniente.
¿Que tiempos aquellos, recuerdas...?
Recuerdo cuando era un niño y aun inocente probé el amargo de la vida.
El pavimento frío, las calles desiertas, y la vida, tan joven, inocente,
Sin ninguna culpa, muriendo poco a poco y yo, solo con ella, nadie me ayudo
a socorrerla, perdiéndose, contemplándola en mis manos, en mis manos,
Manchadas desde entonces, con su joven sangre, en mis manos
Que nada pudieron hacer por ella. y morí yo también, junto con ella, era yo. Solo yo.
Nadie mas, solo fue mi culpa, y lo poco que queda de mi desde entonces, solo es un eterno tormento, una media vida, un castigo, un alma atormentada y un recuerdo tan lejano, pero que nunca olvido. Perdóname, por favor perdóname.
Recuerdo aquel bello río, mi refugio desde entonces, como tantas veces casi me roba
La vida, pero como me gustaba hundirme en sus aguas y olvidar todo, solo el y yo, tu mi silencioso y melancólico amigo, dos almas solitarias, viviendo sin sentido, ambos convertidos en uno, y olvidaba todo, todo, hasta el respirar.
Recuerdo la mujer que amo, como una tarde irrumpió de golpe en mi vida.
Y fui feliz, si como lo fui, y me sentí, como aquel niño, montado en su burro, junto a su hermano, cruzando los secos llanos, corriendo camino al río, sintiendo la brisa en mi cara, nadando en aquel río , jugando con su abuelo, sintiendo su barba en la cara,
corriendo contigo, en la suave hierba, mojada con el rocío . Pero que corta es la felicidad y que largo los recuerdos, especialmente los que nunca más volverán. Aquellos que nos hacen soñar, pensar que tal vez un día, un mañana, llegará...
Secos llanos, montados en un burro, el maeño le llamábamos, mañoso,
Trotón, pero como me gustaba montarme al pelo y correr camino al río,
Sentir la brisa en mi rostro, sin ninguna preocupación, pena ni mucho
Menos un remordimiento. Viviendo como cualquier niño.
Recuerdo a mi abuelo, cargándome en sus brazos, el teniente me decía,
Mientras me pasaba su barba de una semana por la cara, cuanto me picaba,
Pero como me gustaba jugar con el, pescar solo para verlo comer, con tanto gusto
Y escuchar sus palabras fuertes cuando me decían ja!... ese es mi teniente.
¿Que tiempos aquellos, recuerdas...?
Recuerdo cuando era un niño y aun inocente probé el amargo de la vida.
El pavimento frío, las calles desiertas, y la vida, tan joven, inocente,
Sin ninguna culpa, muriendo poco a poco y yo, solo con ella, nadie me ayudo
a socorrerla, perdiéndose, contemplándola en mis manos, en mis manos,
Manchadas desde entonces, con su joven sangre, en mis manos
Que nada pudieron hacer por ella. y morí yo también, junto con ella, era yo. Solo yo.
Nadie mas, solo fue mi culpa, y lo poco que queda de mi desde entonces, solo es un eterno tormento, una media vida, un castigo, un alma atormentada y un recuerdo tan lejano, pero que nunca olvido. Perdóname, por favor perdóname.
Recuerdo aquel bello río, mi refugio desde entonces, como tantas veces casi me roba
La vida, pero como me gustaba hundirme en sus aguas y olvidar todo, solo el y yo, tu mi silencioso y melancólico amigo, dos almas solitarias, viviendo sin sentido, ambos convertidos en uno, y olvidaba todo, todo, hasta el respirar.
Recuerdo la mujer que amo, como una tarde irrumpió de golpe en mi vida.
Y fui feliz, si como lo fui, y me sentí, como aquel niño, montado en su burro, junto a su hermano, cruzando los secos llanos, corriendo camino al río, sintiendo la brisa en mi cara, nadando en aquel río , jugando con su abuelo, sintiendo su barba en la cara,
corriendo contigo, en la suave hierba, mojada con el rocío . Pero que corta es la felicidad y que largo los recuerdos, especialmente los que nunca más volverán. Aquellos que nos hacen soñar, pensar que tal vez un día, un mañana, llegará...