Tanith Morrigan
G Fuentes
A veces, cuando el silencio cae,
vuelvo al instante en que tus labios rozaron los míos
por primera vez.
Fue como si el universo dejara de girar
solo para mirarnos.
Recuerdo nuestras manos entrelazadas
como raíces que no querían soltarse,
los pasos lentos por el parque,
las risas suaves,
el sol filtrándose entre los árboles
y tus ojos,
que eran hogar incluso en medio de la distancia.
Hoy, sin ti,
hay días en que el pecho me pesa
y el alma camina descalza sobre la ausencia.
Te pienso en cada atardecer,
como quien espera una carta que no sabe si llegará.
Tal vez el tiempo aún no nos pertenece…
pero mi amor por ti,
ese sí,
es eterno y paciente,
como los árboles que nos vieron pasar
aquel día...
vuelvo al instante en que tus labios rozaron los míos
por primera vez.
Fue como si el universo dejara de girar
solo para mirarnos.
Recuerdo nuestras manos entrelazadas
como raíces que no querían soltarse,
los pasos lentos por el parque,
las risas suaves,
el sol filtrándose entre los árboles
y tus ojos,
que eran hogar incluso en medio de la distancia.
Hoy, sin ti,
hay días en que el pecho me pesa
y el alma camina descalza sobre la ausencia.
Te pienso en cada atardecer,
como quien espera una carta que no sabe si llegará.
Tal vez el tiempo aún no nos pertenece…
pero mi amor por ti,
ese sí,
es eterno y paciente,
como los árboles que nos vieron pasar
aquel día...