José Cornejo Valadez
Poeta recién llegado
Esa que fuera mi primer cariño,
el amor ideal, el inocente;
ayer la vi en la calle con un niño
ajada su belleza,
canosa su cabeza,
llena de arrugas su marchita frente.
Testigos de mi amor fueron las flores,
la luna, las estrellas;
a quienes le contaba mis amores...
Recuerdos de la infancia,
si busco la fragancia
dentro del corazón encuentro aún huellas.
Como del trigo las espigas, rubia;
el iris de sus ojos
sobre hoja de laurel gotas de lluvia,
esbelta como caña
de frágil espadaña,
con tersura de flor sus labios rojos.
Como un inicio de mujer apenas
pero de amor el celo
ya circulaba en sus azules venas,
cual de la lava ardiente
la impetuosa corriente,
como queriendo remontar ya el vuelo.
Y a mi vida llegó como hace el ave
buscando rama para hacer el nido,
arrancando del pecho el plumón suave,
pero el tiempo no había
llegado todavía
y entonces se alejó rumbo al olvido...
Hoy, al mirarla y recordar la historia,
en el infante fijo
mis ojos por grabarlo en la memoria,
y me movió a cariño
aquel callado niño
pensando que bien pudo ser mi hijo...
el amor ideal, el inocente;
ayer la vi en la calle con un niño
ajada su belleza,
canosa su cabeza,
llena de arrugas su marchita frente.
Testigos de mi amor fueron las flores,
la luna, las estrellas;
a quienes le contaba mis amores...
Recuerdos de la infancia,
si busco la fragancia
dentro del corazón encuentro aún huellas.
Como del trigo las espigas, rubia;
el iris de sus ojos
sobre hoja de laurel gotas de lluvia,
esbelta como caña
de frágil espadaña,
con tersura de flor sus labios rojos.
Como un inicio de mujer apenas
pero de amor el celo
ya circulaba en sus azules venas,
cual de la lava ardiente
la impetuosa corriente,
como queriendo remontar ya el vuelo.
Y a mi vida llegó como hace el ave
buscando rama para hacer el nido,
arrancando del pecho el plumón suave,
pero el tiempo no había
llegado todavía
y entonces se alejó rumbo al olvido...
Hoy, al mirarla y recordar la historia,
en el infante fijo
mis ojos por grabarlo en la memoria,
y me movió a cariño
aquel callado niño
pensando que bien pudo ser mi hijo...