Reencuentro
Era inevitable, nos reencontraríamos,
Me lo tamboreaban de hoja en hoja
Las gnomos del rocío y fragancia tras
Fragancia las hadas del jardín.
Mientras tanto mi sangre
Se anegaba de abejas y mí
Corazón se trastornaba con
Inesperados torbellinos y arrebatos.
Un fulgor dulce le resbala y
Su juventud trasnochada como
Un resplandor petrificado que la soledad
Carcelera se impusiera resguardar.
La complicidad del anochecer se apresura sobre
Los inviernos de su frente, sus manos, su mirada.
Sus hechiceros secretos se confabulan entre los magníficos
Tréboles de cristal y las sombras de su fortuna.
Una represa de agitados latidos contiene sus lágrimas,
Una confidencia de ternura tiembla oculta en sus labios,
Bajo un tapiz de estrellas aletea su desventura
Que se mezcla en las hélices de los sueños y
De la oscuridad que nos va envolviendo.
Maestranzas inmóviles despiertan de sus letargos,
Engranajes de amor estremecen nuestras estatuas.
Era inevitable, nos reencontraríamos,
Me lo tamboreaban de hoja en hoja
Las gnomos del rocío y fragancia tras
Fragancia las hadas del jardín.
Mientras tanto mi sangre
Se anegaba de abejas y mí
Corazón se trastornaba con
Inesperados torbellinos y arrebatos.
Un fulgor dulce le resbala y
Su juventud trasnochada como
Un resplandor petrificado que la soledad
Carcelera se impusiera resguardar.
La complicidad del anochecer se apresura sobre
Los inviernos de su frente, sus manos, su mirada.
Sus hechiceros secretos se confabulan entre los magníficos
Tréboles de cristal y las sombras de su fortuna.
Una represa de agitados latidos contiene sus lágrimas,
Una confidencia de ternura tiembla oculta en sus labios,
Bajo un tapiz de estrellas aletea su desventura
Que se mezcla en las hélices de los sueños y
De la oscuridad que nos va envolviendo.
Maestranzas inmóviles despiertan de sus letargos,
Engranajes de amor estremecen nuestras estatuas.
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