IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Dolor de millones,
corazones unidos en desgracia,
latidos,
de una melancolía moribunda,
en el horror
se podría encontrar sabiduría,
reflexiva belleza,
pero nunca placer,
deber es del sentido,
de reflexionar dolores,
y encontrar emociones arraigadas
a verdades, que son respuestas innegables,
y aún el mal cree en nosotros,
en los vicios que son desgaste,
edificaciones del tiempo,
que como todo,
se deberá al derrumbe,
creer en lo divino,
remarca la inseguridad temerosa,
de nuestros errores no aceptados,
creemos en la bondad,
porque no somos bondadosos,
creemos en el perdón,
porque no sabemos perdonar,
creemos en la vida,
porque nos horroriza aceptar la muerte,
creer en un creador "perfecto",
es resultado,
de no escuchar al mal,
y no observar que nosotros
también somos ese mal,
la creencia de un creador perfecto,
se gesta
por alimentar ingenuamente
nuestra perspectiva individual,
y esa individualidad se refleja,
no nos culpamos,
elucubrando desesperadamente
que cada uno
vale más
que todo el dolor ajeno posible,
cuando aprendamos a callar nuestro dolor,
se apreciará el dolor del mundo,
porque nadie se calla a si mismo,
somos dolor cegado,
que pulula
por alguien que sepa liberarnos
de todo martirio,
quizás nuestro salvador
no sea algún dios milagroso,
sino a la que nunca nombramos,
nuestra muerte.
corazones unidos en desgracia,
latidos,
de una melancolía moribunda,
en el horror
se podría encontrar sabiduría,
reflexiva belleza,
pero nunca placer,
deber es del sentido,
de reflexionar dolores,
y encontrar emociones arraigadas
a verdades, que son respuestas innegables,
y aún el mal cree en nosotros,
en los vicios que son desgaste,
edificaciones del tiempo,
que como todo,
se deberá al derrumbe,
creer en lo divino,
remarca la inseguridad temerosa,
de nuestros errores no aceptados,
creemos en la bondad,
porque no somos bondadosos,
creemos en el perdón,
porque no sabemos perdonar,
creemos en la vida,
porque nos horroriza aceptar la muerte,
creer en un creador "perfecto",
es resultado,
de no escuchar al mal,
y no observar que nosotros
también somos ese mal,
la creencia de un creador perfecto,
se gesta
por alimentar ingenuamente
nuestra perspectiva individual,
y esa individualidad se refleja,
no nos culpamos,
elucubrando desesperadamente
que cada uno
vale más
que todo el dolor ajeno posible,
cuando aprendamos a callar nuestro dolor,
se apreciará el dolor del mundo,
porque nadie se calla a si mismo,
somos dolor cegado,
que pulula
por alguien que sepa liberarnos
de todo martirio,
quizás nuestro salvador
no sea algún dios milagroso,
sino a la que nunca nombramos,
nuestra muerte.