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Reflexión 120

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Ignoramos al que tira la piedra,
porque somos impulso,
porque somos piedra,

la seguridad que obvia,
es la terquedad de la inmadurez,

la certeza de cranear
una respuesta que lo englobe todo,

la edad es un número,
la estupidez una enfermedad,
la ignorancia una postura,
y la vida una desgracia
que se paga con alma y cuerpo,

no hay peor mentira
que la que creemos correcta,
no hay mayor verdad
que esa que al observarla nos duele,

la realidad habla siempre por si misma,

la fantasía, miente
solo cuando no se la comprende,

utopías distópicas,

marcan un antes y un después,
en la mente del que la vive,

mas no deja de afianzar razones,
cuando la lluvia nos nutre,

el que no razona,
quiere creer
que todos se merecen lo mejor,

pocos comprenden,
que el egoísmo
es algo innato en seres enfermos,

la honestidad será innegable,
cuando todos asuman
que son merecedores
del dolor de su propia ignorancia,

cavamos fosas frías,
en suelos maltratados,

soñamos con el dolor de nuestro hambre,

somos, queramos o no,
enjambre sediento,

bebemos de nuestra sangre,
y nos replicamos como un virus,

miramos de frente a nuestra condena,

el condenado mira de frente
a los que ya están muertos,

y los muertos serán suelo fértil,

para un mundo
que no se cansa

de engendrar muerte.









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Ignoramos al que tira la piedra,
porque somos impulso,
porque somos piedra,

la seguridad que obvia,
es la terquedad de la inmadurez,

la certeza de cranear
una respuesta que lo englobe todo,

la edad es un número,
la estupidez una enfermedad,
la ignorancia una postura,
y la vida una desgracia
que se paga con alma y cuerpo,

no hay peor mentira
que la que creemos correcta,
no hay mayor verdad
que esa que al observarla nos duele,

la realidad habla siempre por si misma,

la fantasía, miente
solo cuando no se la comprende,

utopías distópicas,

marcan un antes y un después,
en la mente del que la vive,

mas no deja de afianzar razones,
cuando la lluvia nos nutre,

el que no razona,
quiere creer
que todos se merecen lo mejor,

pocos comprenden,
que el egoísmo
es algo innato en seres enfermos,

la honestidad será innegable,
cuando todos asuman
que son merecedores
del dolor de su propia ignorancia,

cavamos fosas frías,
en suelos maltratados,

soñamos con el dolor de nuestro hambre,

somos, queramos o no,
enjambre sediento,

bebemos de nuestra sangre,
y nos replicamos como un virus,

miramos de frente a nuestra condena,

el condenado mira de frente
a los que ya están muertos,

y los muertos serán suelo fértil,

para un mundo
que no se cansa

de engendrar muerte.









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La ignorancia de los hombres,
que poco quieren aprender,
duran poco, suelen ser,
pequeñas palabras sin nombres.


Le saludo nuevamente
 
La reflexión nos conduce a la crudeza de la condición humana: una existencia marcada por la ignorancia, el egoísmo y la incapacidad de enfrentar con honestidad nuestras propias faltas. En ella, la vida aparece como un ciclo de error y dolor, donde la mentira se confunde con verdad y la fantasía se malinterpreta como engaño. El ser humano, incapaz de reconocerse en su miseria, cava su propia fosa mientras sueña con ilusiones vacías. Al final, la condena no es impuesta desde fuera, sino asumida en carne propia: somos enjambre que se alimenta de sí mismo, virus que se replica y que convierte incluso la muerte en semilla de más destrucción. Así, la conclusión es clara: mientras no seamos capaces de romper con nuestra propia ceguera, seguiremos engendrando muerte en lugar de vida.

Saludos Cordiales
 

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