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Reflexión 121

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Flotamos estancados,

sobre nosotros la pesadez,
debajo, la liviandad de morir,

pagamos con sangre
los barrotes de nuestra seguridad mental,

desechamos nuestra verdad
para encajar en una mentira masificada,

conoceremos
la soledad mas insoportable,
cuando no nos entendamos
a nosotros mismos,

morimos como presas,
quietos y dependientes,

vivimos como insectos,
atraídos por los problemas,

implosionaremos con la verdad,

sin control,

cuando nuestros límites nos saturen,

porque existimos
por un caos problemático,

lo barato se sufre,
lo caro se pierde,
el orgullo se pudre,
la valentía se esconde,
cuando los verdaderos monstruos
somos todos nosotros,

sembramos discordia y putrefacción,
en los huecos de robles agujereados,

brotan de ellos,
seres que son mitad fruto,
mitad petrificación,

consume el tiempo,
a las arenas de un horizonte aún silente,

el mal pasajero nos toma de rehenes,

somos pasajeros del dolor,

de un dolor
que solo se detiene todas las noches,
para observar
como nos retorcemos,

le rezamos al presunto culpable,
de todo asunto banal,

porque este sinsentido
se confeccionó para sufrirlo,

escuchamos a nuestra mente,
pero no le respondemos,

tememos que nos condene,

le imploramos al cielo
que nuestro suelo nos soporte,

porque estamos destinados
al peor de los infiernos.









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La reflexión revela la fragilidad y la contradicción de la condición humana: vivimos atrapados entre la liviandad de morir y la pesadez de existir, pagando con nuestra propia sangre la ilusión de seguridad. Nos perdemos al tratar de encajar en mentiras colectivas y descubrimos la soledad más profunda cuando dejamos de entendernos a nosotros mismos. Somos responsables de nuestros propios monstruos: sembramos discordia, alimentamos el caos y nos convertimos en presas de un dolor constante, pasajero, que parece inevitable. Al final, esta obra muestra que la verdadera condena no viene del cielo ni de los demás, sino de nuestra incapacidad de enfrentar nuestra propia naturaleza, dejándonos a merced de un infierno que llevamos dentro.

Saludos Cordiales
 

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