IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Si el cielo fuera suelo,
no cabría la necesidad
de esperar, la calma,
fuera de nuestra realidad,
si la felicidad fuese abundante y común,
no habría necesidad
de robarnos por egoísmo,
ni existiría la avaricia,
podríamos concentrarnos
en descubrir y no en fortificar,
en estimular placeres internos,
y que nuestro cuerpo
saboree, en compañía,
entre orgasmos de álmica visceralidad,
aún así,
la realidad es gris y efímera al tacto,
si el orgullo no fuera
viveza para despreciar,
si toda fortaleza
no se construyera en este infierno,
seriamos más conscientes
de este cruento paisaje,
más frágil se percibe el vencedor,
pues sabe que su cansancio,
es herida posible,
entre intuibles amenazas,
más puede el sabio soñador,
que el poderoso subyugando,
porque todo cataclismo
emerge desde una idea disruptiva,
aún así, quisiéramos no pensar,
no soñar, ni elaborar abstractas intuiciones,
por fobia a perder lo escaso,
a que el tiempo vuele de nuestras manos,
con aquel fatídico porvenir
en frente nuestro,
nos levantamos, un día más,
y anhelamos descubrir inmensas magnitudes,
pensar en grande,
es pensar comparativamente,
con la necesidad de encontrar similitudes
desde nuestra realidad,
somos cuerpo, somos mundo,
somos universo,
somos contenedores
de la esencia única del todo existente,
y aún así,
todo nos parece,
tan fuera de sí,
tan injustamente ilusorio.
no cabría la necesidad
de esperar, la calma,
fuera de nuestra realidad,
si la felicidad fuese abundante y común,
no habría necesidad
de robarnos por egoísmo,
ni existiría la avaricia,
podríamos concentrarnos
en descubrir y no en fortificar,
en estimular placeres internos,
y que nuestro cuerpo
saboree, en compañía,
entre orgasmos de álmica visceralidad,
aún así,
la realidad es gris y efímera al tacto,
si el orgullo no fuera
viveza para despreciar,
si toda fortaleza
no se construyera en este infierno,
seriamos más conscientes
de este cruento paisaje,
más frágil se percibe el vencedor,
pues sabe que su cansancio,
es herida posible,
entre intuibles amenazas,
más puede el sabio soñador,
que el poderoso subyugando,
porque todo cataclismo
emerge desde una idea disruptiva,
aún así, quisiéramos no pensar,
no soñar, ni elaborar abstractas intuiciones,
por fobia a perder lo escaso,
a que el tiempo vuele de nuestras manos,
con aquel fatídico porvenir
en frente nuestro,
nos levantamos, un día más,
y anhelamos descubrir inmensas magnitudes,
pensar en grande,
es pensar comparativamente,
con la necesidad de encontrar similitudes
desde nuestra realidad,
somos cuerpo, somos mundo,
somos universo,
somos contenedores
de la esencia única del todo existente,
y aún así,
todo nos parece,
tan fuera de sí,
tan injustamente ilusorio.