IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Sonrisa clamorosa,
ante una suerte
que es destino compartido,
destino último
de toda suerte inmerecida,
lágrima primera,
quién pudiera imaginar
que aún no dejamos de sollozar,
el mar dejará de serlo,
cuando deje de existir,
el tiempo dejará de querer,
cuando dejemos de contarlo,
el viento podrá fluir sin limitación,
cuando ninguna vida lo aspire,
sonrisa última,
quedará impregnada en la tierra,
de un primer ser que presenció el fin,
que cultivó a la inexistencia
para vivenciar paz,
efímera y eterna,
desolación permanente,
cuando a cada instante
nuestro corazón no se sienta propio,
latiendo en un cuerpo
que nunca nos podrá otorgar,
ese espacio en el que la mente,
logra con simpleza,
materializar su felicidad,
destino eterno,
porque el horizonte nunca se podrá tocar,
ilusión recurrente,
creernos más cuerpo que mente,
así como la desgracia
que me mantiene encadenado
a este cementerio,
no podrá el universo detener
todo anhelo destructor de su propia esencia,
no podrán sus leyes,
subyugar a un observador arrepentido,
que lucha por dejar de influenciarnos
por toda sedación ciega,
así como el viento le teme a su quietud,
no podrá escapar el mundo,
de mi completo y justiciero odio.
ante una suerte
que es destino compartido,
destino último
de toda suerte inmerecida,
lágrima primera,
quién pudiera imaginar
que aún no dejamos de sollozar,
el mar dejará de serlo,
cuando deje de existir,
el tiempo dejará de querer,
cuando dejemos de contarlo,
el viento podrá fluir sin limitación,
cuando ninguna vida lo aspire,
sonrisa última,
quedará impregnada en la tierra,
de un primer ser que presenció el fin,
que cultivó a la inexistencia
para vivenciar paz,
efímera y eterna,
desolación permanente,
cuando a cada instante
nuestro corazón no se sienta propio,
latiendo en un cuerpo
que nunca nos podrá otorgar,
ese espacio en el que la mente,
logra con simpleza,
materializar su felicidad,
destino eterno,
porque el horizonte nunca se podrá tocar,
ilusión recurrente,
creernos más cuerpo que mente,
así como la desgracia
que me mantiene encadenado
a este cementerio,
no podrá el universo detener
todo anhelo destructor de su propia esencia,
no podrán sus leyes,
subyugar a un observador arrepentido,
que lucha por dejar de influenciarnos
por toda sedación ciega,
así como el viento le teme a su quietud,
no podrá escapar el mundo,
de mi completo y justiciero odio.