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Reflexión 20

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
La triste percepción
de millones llorando su suerte,
que siempre es mala,
que siempre es muerte,

la gélida sensación
de no pertenecer a esta carcasa,
la ilusión del herido,
de hacer nido en la herida,
la noción perdida,
del lamento futuro,

ocasión de ocasos,
de astros enmudeciendo a la humanidad,
y aún se expande la solitud,
entre sueños
de lápidas cercanas,

dignidad de pobre,
sentirnos menos que el otro,
es lo que nos hace vislumbrar
la oscuridad,
que se gesta así en la tierra
como en el cielo,
donde la marea siempre somos nosotros,

caen las estrellas,
avistando un horizonte,
que no será luz, ni contención,

cae la noche inmensa,
buscarán la luz aquellos necesitados,

negarán el sol los que yacen bajo tierra,

caminarán erguidos los que sufren
sin alma y sin conciencia,
caerán muertos,

negación primordial
al no aceptar la muerte,
como si la vida fuera una bendición,

ilusión persuasiva,
cuando la soledad y la histeria dominan,

canción de cuna,
dulce luna de la muerte,
que a todos los esclavos les hace falta,

y cada destello impotente
envuelve como puede a la tierra,
deseándola viva, deseándola eterna,

le hemos declarado la guerra a los vientos,

ellos enfebrecidos girarán la tierra,
y caeremos como hormigas
al fuego eterno de un nuevo cielo,
de un nuevo infierno,

de un nuevo ciclo,
que no respetará medida alguna,
más que las oscilaciones
de una laguna iracunda,
de una fortuna que se forma por carencia,

por pobreza de un dios imperfecto,
que aún cree en su creación,

malévola condena inmarcesible.
 
La triste percepción
de millones llorando su suerte,
que siempre es mala,
que siempre es muerte,

la gélida sensación
de no pertenecer a esta carcasa,
la ilusión del herido,
de hacer nido en la herida,
la noción perdida,
del lamento futuro,

ocasión de ocasos,
de astros enmudeciendo a la humanidad,
y aún se expande la solitud,
entre sueños
de lápidas cercanas,

dignidad de pobre,
sentirnos menos que el otro,
es lo que nos hace vislumbrar
la oscuridad,
que se gesta así en la tierra
como en el cielo,
donde la marea siempre somos nosotros,

caen las estrellas,
avistando un horizonte,
que no será luz, ni contención,

cae la noche inmensa,
buscarán la luz aquellos necesitados,

negarán el sol los que yacen bajo tierra,

caminarán erguidos los que sufren
sin alma y sin conciencia,
caerán muertos,

negación primordial
al no aceptar la muerte,
como si la vida fuera una bendición,

ilusión persuasiva,
cuando la soledad y la histeria dominan,

canción de cuna,
dulce luna de la muerte,
que a todos los esclavos les hace falta,

y cada destello impotente
envuelve como puede a la tierra,
deseándola viva, deseándola eterna,

le hemos declarado la guerra a los vientos,

ellos enfebrecidos girarán la tierra,
y caeremos como hormigas
al fuego eterno de un nuevo cielo,
de un nuevo infierno,

de un nuevo ciclo,
que no respetará medida alguna,
más que las oscilaciones
de una laguna iracunda,
de una fortuna que se forma por carencia,

por pobreza de un dios imperfecto,
que aún cree en su creación,

malévola condena inmarcesible.
La percepción acaba con nuestra conciencia, muchas veces se aparta de la realidad.
Me gustaron estas líneas.

Saludos
 
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