IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
La vida esconde,
entre sollozos mudos
la tristeza se abalanza
hasta desprender de nuestro cuerpo
a nuestro corazón,
la muerte no avisa,
tus seres queridos mueren,
y yo creo que estoy de pie,
pero literalmente estoy muerto,
el peor cielo,
es ese
en el que nos encontramos sin motivos,
en el que no hay fortuna
que se pueda compartir,
el peor infierno es la completa soledad,
y el saberse abandonado,
estoy solo,
entre un frío que siempre me revive,
saber que todos somos incapaces,
de reconocernos
en el dolor ajeno,
saber que el aire
se vuelve lanza de hielo,
saber que nadie
va a estar por siempre con vos,
saber que nunca podrías saber
lo que sufren los demás,
recuerdos que son fulgor,
ardiendo entre un pecho colapsado,
solo la frialdad de nuestros pensares
pesan más que nuestras pesadillas,
recuerdos que son ardor,
si nos volvemos ceniza,
entonces nuestro tiempo arde,
y siempre nos apagamos
tratando de recordar,
latencias ahogadas,
entre péndulos que son anatomía,
oscila el cadáver de dios,
presenciaremos un último final,
impotencia en mis suspiros,
pensar que todos exhalamos,
buscando en otro nuestra felicidad,
gemidos cruentos,
muerte futura,
la espesura del olvido es agria,
hasta que aprendemos
a como perder todo sabor,
y comenzamos
a tragar sin saborear,
a morir
sin haber vivido.
entre sollozos mudos
la tristeza se abalanza
hasta desprender de nuestro cuerpo
a nuestro corazón,
la muerte no avisa,
tus seres queridos mueren,
y yo creo que estoy de pie,
pero literalmente estoy muerto,
el peor cielo,
es ese
en el que nos encontramos sin motivos,
en el que no hay fortuna
que se pueda compartir,
el peor infierno es la completa soledad,
y el saberse abandonado,
estoy solo,
entre un frío que siempre me revive,
saber que todos somos incapaces,
de reconocernos
en el dolor ajeno,
saber que el aire
se vuelve lanza de hielo,
saber que nadie
va a estar por siempre con vos,
saber que nunca podrías saber
lo que sufren los demás,
recuerdos que son fulgor,
ardiendo entre un pecho colapsado,
solo la frialdad de nuestros pensares
pesan más que nuestras pesadillas,
recuerdos que son ardor,
si nos volvemos ceniza,
entonces nuestro tiempo arde,
y siempre nos apagamos
tratando de recordar,
latencias ahogadas,
entre péndulos que son anatomía,
oscila el cadáver de dios,
presenciaremos un último final,
impotencia en mis suspiros,
pensar que todos exhalamos,
buscando en otro nuestra felicidad,
gemidos cruentos,
muerte futura,
la espesura del olvido es agria,
hasta que aprendemos
a como perder todo sabor,
y comenzamos
a tragar sin saborear,
a morir
sin haber vivido.