IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Páginas transparentes,
se cae la tinta,
diluyéndose entre renglones blancos,
parece ser,
que los opuestos,
trabajan juntos,
vivencias partidas,
mi corazón quebrado,
mi pensamiento silenciado,
mis ojos perdidos
entre promesas lejanas,
y todos tienen la culpa,
todos deben de apuntarse al corazón
para silenciar la mente,
todos pueden fenecer,
aún cuando se encuentren
con la soga al cuello,
la vida es, silencio maldito,
silencio marchito,
caerá la última flor al compás de la lluvia,
caerá la última gota,
al compás
de nuestra única autodestrucción,
nadie comprende la negrura del cielo,
contamos estrellas,
sin concentrarnos
en el inconmensurable espacio delimitado,
nadie comprende su color,
ni el por qué de su existencia,
nadie comprende mi dolor,
ni mis profusas carencias,
nadie parece observar nuestros pasos,
nos perderemos sin pasado ni futuro,
en un presente solitario,
cierro mis ojos,
despacio,
sin generar oscilaciones
en la quietud de esta laguna,
que es silencio,
que es descenso,
duermo en mis sueños,
y sueño que no sueño,
podré reconocerme vivo,
pero nunca en calma,
final discreto,
escriben mis latidos
mis últimas manchas de sangre,
final completo,
si pudiera afirmar que todo tiene fin,
muy probablemente
nunca hubiéramos nacido,
la enfermedad es todo inicio,
porque todo vuelve a fenecer,
si pudiera detener todo este desperdicio,
muy probablemente todo vuelva a renacer,
porque que haya fin,
significa que todo puede ser inicio,
no hay espacio
que no quiera brotar,
no hay muerte
que no quiera sembrar,
pero nadie,
nadie,
desea morir.
se cae la tinta,
diluyéndose entre renglones blancos,
parece ser,
que los opuestos,
trabajan juntos,
vivencias partidas,
mi corazón quebrado,
mi pensamiento silenciado,
mis ojos perdidos
entre promesas lejanas,
y todos tienen la culpa,
todos deben de apuntarse al corazón
para silenciar la mente,
todos pueden fenecer,
aún cuando se encuentren
con la soga al cuello,
la vida es, silencio maldito,
silencio marchito,
caerá la última flor al compás de la lluvia,
caerá la última gota,
al compás
de nuestra única autodestrucción,
nadie comprende la negrura del cielo,
contamos estrellas,
sin concentrarnos
en el inconmensurable espacio delimitado,
nadie comprende su color,
ni el por qué de su existencia,
nadie comprende mi dolor,
ni mis profusas carencias,
nadie parece observar nuestros pasos,
nos perderemos sin pasado ni futuro,
en un presente solitario,
cierro mis ojos,
despacio,
sin generar oscilaciones
en la quietud de esta laguna,
que es silencio,
que es descenso,
duermo en mis sueños,
y sueño que no sueño,
podré reconocerme vivo,
pero nunca en calma,
final discreto,
escriben mis latidos
mis últimas manchas de sangre,
final completo,
si pudiera afirmar que todo tiene fin,
muy probablemente
nunca hubiéramos nacido,
la enfermedad es todo inicio,
porque todo vuelve a fenecer,
si pudiera detener todo este desperdicio,
muy probablemente todo vuelva a renacer,
porque que haya fin,
significa que todo puede ser inicio,
no hay espacio
que no quiera brotar,
no hay muerte
que no quiera sembrar,
pero nadie,
nadie,
desea morir.