epimeteo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al saber que me amamanta
le exijo la aclaración
de si es una “operación”
cuando una soprano canta.
Con ingenuidad a manta
hago preguntas arteras:
¿El artrítico es de veras
hijo de artista y de critico?
Y por ser peritonitico
¿Yo soy fruto de las peras?
Con Enero debutante
se inicia el año bisiesto
y empieza un ciclo funesto
en desgracias abundante.
Febrerillo preocupante
extiende su manto loco;
ora llueve poco a poco
ora en llanto pertinaz.
Febo no baña mi faz
aunque la musa tampoco.
¿Quién se suma a tal dislate
principio de año bisiesto?
a un Enero predispuesto
le sigue Febrero orate.
Se presenta en jaque mate
partida que he de perder;
las tinieblas del no ser
me acogen en su regazo.
Siento en su gélido abrazo
mi último atardecer.
¿Quién ultraja mi salud
con martirio de cilicio?
líbreme alguien del suplicio
que me causa la inquietud.
El sueño, dulce ataüd,
allá donde me hallo inerte,
desvelándose me advierte
de la única salida
donde se acaba la vida
y nunca muere la muerte.
Como soy contestatario
ser cobarde no es mi guía
hasta que la cobardía
me demuestre lo contrario.
Mas es un hecho palmario,
desconocido del ser,
que jamás podrá saber
de lo que el hombre es capaz.
Ha de sentir en su faz
el siniestro acontecer.
Por mor de mis intereses
de mi cuerpo se ocuparon
ángeles que me operaron
por evitarme reveses.
Me abrieron como a las reses
y en apéndice, confusa,
encontraron a mi musa
responsable del dolor
y del poco resplandor
que mi poesía acusa.
Mas no doblé la testuz
en el umbral de la muerte
y utilicé de esta suerte
el truco del avestruz.
Ignoré la blanca luz,
esa que a la muerte guía
y del túnel descendía
una verde de esperanza.
Quité a Muerte la pitanza
porque no llegó mi día.