Leonel_Samoro
Poeta recién llegado
I
Ya no llueve
En la tarde renacen los soles muertos
Y respiro el mismo aire que tú respiras
Y no puedo verte
Tengo que cerrar los ojos
Y aunque quiera llorar no puedo
-por más que me duelan
todas las almas del universo
no puedo llorar-
No hay lágrimas sólo un vacío yermo
Y el amor es la sombra que me sepulta
en este páramo de oscuridad
en este paraíso de sufrimiento
Ya no llueve
El futuro es la noche
Mi verdad es la herida que no se cura
que no se siente que cala por dentro
hasta hacerse honda y más honda
II
Me escuecen los recuerdos
porque hay un mundo
que sólo tú y yo conocemos
-una dimensión sin espacio
un cosmos de agujeros negros-
ahí estamos chocando desesperados
los labios y los cuerpos
Las llamas arden heladas
en el fuego santo del silencio
No hay lluvia no hay agua
para saciar la sed que tenemos
Sólo nos quedan las bocas
como pozos de consuelo
Bebamos aunque la distancia
separe nuestros deseos
III
Ya no llueve
y es insoportable la tarde
si pienso o si siento
-me quedan dos puñaditos de luz
para escapar del infierno-
Se apagan los resplandores
y el futuro es un fruto incierto
que me devora lentamente
Y que no concibo si no estás
-no puedo siquiera sufrir si estás lejos-
Vente hasta mis brazos
que quiero sentir tu aliento
Vente que la tarde muere
y que ya no está lloviendo
Ya no llueve
En la tarde renacen los soles muertos
Y respiro el mismo aire que tú respiras
Y no puedo verte
Tengo que cerrar los ojos
Y aunque quiera llorar no puedo
-por más que me duelan
todas las almas del universo
no puedo llorar-
No hay lágrimas sólo un vacío yermo
Y el amor es la sombra que me sepulta
en este páramo de oscuridad
en este paraíso de sufrimiento
Ya no llueve
El futuro es la noche
Mi verdad es la herida que no se cura
que no se siente que cala por dentro
hasta hacerse honda y más honda
II
Me escuecen los recuerdos
porque hay un mundo
que sólo tú y yo conocemos
-una dimensión sin espacio
un cosmos de agujeros negros-
ahí estamos chocando desesperados
los labios y los cuerpos
Las llamas arden heladas
en el fuego santo del silencio
No hay lluvia no hay agua
para saciar la sed que tenemos
Sólo nos quedan las bocas
como pozos de consuelo
Bebamos aunque la distancia
separe nuestros deseos
III
Ya no llueve
y es insoportable la tarde
si pienso o si siento
-me quedan dos puñaditos de luz
para escapar del infierno-
Se apagan los resplandores
y el futuro es un fruto incierto
que me devora lentamente
Y que no concibo si no estás
-no puedo siquiera sufrir si estás lejos-
Vente hasta mis brazos
que quiero sentir tu aliento
Vente que la tarde muere
y que ya no está lloviendo