VICTOR SANTA ROSA
Poeta fiel al portal
REFLEXIONES.
Marchita en lejanía el mágico colorido del horizonte,
en rojo penumbra por languidente pincelada de sol.
Murmullos silvestres en valles colinas y montes,
celestial sinfonía bajo tersura de nubes en arrebol.
Grisácea penumbra que la belleza no perdona,
ocultando a nuestra vista la tersura de la flor,
pero el exquisito aliento de su apetecido aroma,
vuela presuroso cómo diciendo aquí estoy.
Es el crepúsculo efímero resplandor entre noche y día,
Sugestivo llamado a posarse en cadencioso nido.
Amoroso lecho en que ofrendamos tu vida y la mía
Y por amar perdemos a veces la razón pero no el sentido.
Y muere el día en oscuros brazos de la noche,
que planta a su antojo estandartes plateados.
Ignorando que pronto sus luceros en derroche,
al despertar el alba, opacarán humillados.
Incomprensible ciclo que nos prodiga la vida,
semejante a vaivenes de olas en placentero mar.
Así el amor llega y sin anunciar su partida,
planta dolores pero deja insaciable deseo de amar.
Voluble sentimiento deambulando en libertad,
perpetua ilusión que aún doliente no muere,
no hay puerta del alma a donde no pueda entrar
ni endurecido corazón que de amar se libere.
Tal cómo el invierno roba su candidez al Estío,
Así el recuerdo también subsiste en la añoranza.
Tu pasional fuego siempre flamea encendido,
y aún en lóbrega ausencia te amo en la distancia.
Autor: Víctor A. Arana,
(VICTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Ohio, Agosto 7 del 2009.
Marchita en lejanía el mágico colorido del horizonte,
en rojo penumbra por languidente pincelada de sol.
Murmullos silvestres en valles colinas y montes,
celestial sinfonía bajo tersura de nubes en arrebol.
Grisácea penumbra que la belleza no perdona,
ocultando a nuestra vista la tersura de la flor,
pero el exquisito aliento de su apetecido aroma,
vuela presuroso cómo diciendo aquí estoy.
Es el crepúsculo efímero resplandor entre noche y día,
Sugestivo llamado a posarse en cadencioso nido.
Amoroso lecho en que ofrendamos tu vida y la mía
Y por amar perdemos a veces la razón pero no el sentido.
Y muere el día en oscuros brazos de la noche,
que planta a su antojo estandartes plateados.
Ignorando que pronto sus luceros en derroche,
al despertar el alba, opacarán humillados.
Incomprensible ciclo que nos prodiga la vida,
semejante a vaivenes de olas en placentero mar.
Así el amor llega y sin anunciar su partida,
planta dolores pero deja insaciable deseo de amar.
Voluble sentimiento deambulando en libertad,
perpetua ilusión que aún doliente no muere,
no hay puerta del alma a donde no pueda entrar
ni endurecido corazón que de amar se libere.
Tal cómo el invierno roba su candidez al Estío,
Así el recuerdo también subsiste en la añoranza.
Tu pasional fuego siempre flamea encendido,
y aún en lóbrega ausencia te amo en la distancia.
Autor: Víctor A. Arana,
(VICTOR SANTA ROSA),
Cincinnati, Ohio, Agosto 7 del 2009.