Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Reformaremos juntos nuestra casa
empezando por el color de las paredes
que con los años han perdido lustre
y requieren de una mano de pintura,
los orígenes de leche de sus blancos
que bebíamos de niño se han marchado,
escondiéndose en los álbumes de fotos.
Hay demasiados cercos de lluvia y de silencio
alrededor del marco de las ventanas
que rezuman nieblas de pasados paisajes.
En la alcoba, los cajones del armario no ajustan
y creo que la ropa huye de ellos
cayendo por detrás en cascada.
La luz de la cocina, palpita
como el corazón de un león hambriento
y se enciende y se apaga
y se acelera y se detiene
acechando una presa de interiores de nevera
bien alimentados en exceso.
Si te tiembla el pulso cuando vas de caza
no es conveniente asustarlo con virginales cuchillos
que lo único que logran
es hacer llorar a las cebollas
y si acaso a algún puerro
o algún escondido palillo
que mira a los dientes con envidia.
Cambiaremos también las puertas de corrido
con cerraduras de boca semiabierta
que exclaman
al contemplar como la piel de tu desnudez
cae al suelo, al llegar la noche.
Hay algo de hoguera consumida en los visillos
en los calcetines que arrojas como colilla de cigarro
al meterte en la cama, con intenciones reformistas
en mi cuarto,
o mejor dicho, en nuestra casa.
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