Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Las palabras, son el lenguaje universal del amor, el temor, la emoción, y el puente, para transformar el rencor en amor, por ello se requiere que intervengan en su acción, más de dos almas, para que se pueda encender su majestuosa llama.
REGALANDO LA LLAMA DE SU PASIÓN
Tomó las palabras, las masticó hasta
molerlas finamente, y poderlas digerir,
fue deslizando el sustrato que le haría nutrir;
en su vientre ocurría el milagro del alimento.
Extrajo todas las vitaminas de los verbos,
las incorporó a su hígado y sangre,
el líquido vital realizaba su largo viaje,
recorriendo cada espacio de su cuerpo.
Se hizo sustantivo contemplando el universo,
recolectó de los prados los adjetivos,
extrajo su hilo, y se cosió hermoso vestido;
con los adverbios se hizo los mejores versos.
Elevó su canto con los signos de puntuación,
se sumergió en ensoñación con el pronombre Ella,
le construyó castillos de fluorescentes estrellas,
en cada estación le regaló la llama de su pasión.
Sus labios no rumiaron ni masticaron más palabras,
había encontrado la mujer que más amaba,
en su silenció, ella comprendió cuanto la deseaba,
fueron viento, luz, sus aguas reposaban en mítica calma.
REGALANDO LA LLAMA DE SU PASIÓN
Tomó las palabras, las masticó hasta
molerlas finamente, y poderlas digerir,
fue deslizando el sustrato que le haría nutrir;
en su vientre ocurría el milagro del alimento.
Extrajo todas las vitaminas de los verbos,
las incorporó a su hígado y sangre,
el líquido vital realizaba su largo viaje,
recorriendo cada espacio de su cuerpo.
Se hizo sustantivo contemplando el universo,
recolectó de los prados los adjetivos,
extrajo su hilo, y se cosió hermoso vestido;
con los adverbios se hizo los mejores versos.
Elevó su canto con los signos de puntuación,
se sumergió en ensoñación con el pronombre Ella,
le construyó castillos de fluorescentes estrellas,
en cada estación le regaló la llama de su pasión.
Sus labios no rumiaron ni masticaron más palabras,
había encontrado la mujer que más amaba,
en su silenció, ella comprendió cuanto la deseaba,
fueron viento, luz, sus aguas reposaban en mítica calma.