Romeo Sebastian Bellini
Poeta recién llegado
No atañe enfermiza pasadas razones
adivina piedad y posa en polvillo el pequeño velo,
alerta el recuerdo la corta lumbre de sus fresas,
que ha dejado filosofía y anida de gala su duelo sin palabras.
Cuando los pálidos restos evocaré sereno
provendría la melodía y la campana suene,
brillará temerosa la sombra del pesar
y resuma su amor en un sigiloso aliento celestial.
La reflexión del mudo a ella le diría,
Regina del atardecer
no le robes la vida,
al dulce secreto suyo que aún nadie ha de saber.
Recuerda que llegaste a una jornada
poblada de inquietudes,
fuiste como traída por nirvana
llena de actitudes,
trepando sus paredes de escalones
y ladrillos viejos, alojaron sus ojos tu llegada
en una alforja de amor,
en un pedacito del cielo.
adivina piedad y posa en polvillo el pequeño velo,
alerta el recuerdo la corta lumbre de sus fresas,
que ha dejado filosofía y anida de gala su duelo sin palabras.
Cuando los pálidos restos evocaré sereno
provendría la melodía y la campana suene,
brillará temerosa la sombra del pesar
y resuma su amor en un sigiloso aliento celestial.
La reflexión del mudo a ella le diría,
Regina del atardecer
no le robes la vida,
al dulce secreto suyo que aún nadie ha de saber.
Recuerda que llegaste a una jornada
poblada de inquietudes,
fuiste como traída por nirvana
llena de actitudes,
trepando sus paredes de escalones
y ladrillos viejos, alojaron sus ojos tu llegada
en una alforja de amor,
en un pedacito del cielo.