Dialmar
Poeta asiduo al portal
El olor de la guayaba le penetra hasta el alma
retocando los recuerdos claros de su infancia.
El calor de la panela que en el agua se derrama
quema sus labios jóvenes de amontonadas ansias.
Dulce dolor de casa que sin miedo ahora desata
un corazón de infante resuelto, rescata.
Las ramas secas de marañas enredadas
crujen bajo la planta desnuda de tizne cicatrizada.
Ya no huele a sangre, ni a plomo, ni metralla,
sus ojos pintan ya las flores, al borde de la cañada
lindas de varios colores, que mañana serán sembradas.
Y al calor de las sonrisas, con su muleta y una sola planta
brilla una sonrisa que saluda desdentada
Buenas, Buenas, regresando
Doña Ana!
retocando los recuerdos claros de su infancia.
El calor de la panela que en el agua se derrama
quema sus labios jóvenes de amontonadas ansias.
Dulce dolor de casa que sin miedo ahora desata
un corazón de infante resuelto, rescata.
Las ramas secas de marañas enredadas
crujen bajo la planta desnuda de tizne cicatrizada.
Ya no huele a sangre, ni a plomo, ni metralla,
sus ojos pintan ya las flores, al borde de la cañada
lindas de varios colores, que mañana serán sembradas.
Y al calor de las sonrisas, con su muleta y una sola planta
brilla una sonrisa que saluda desdentada
Buenas, Buenas, regresando
Doña Ana!