Alberto J. Pacheco Buezo
Poeta recién llegado
Como todo aquello que siempre temiste regresé,
en tus innumerables desvelos
me pediste no llamar a tu puerta;
sin embargo, soy tu inevitable porvenir.
Cuantas veces no quisiste ver el sol poniéndose,
todo para no recordar ciertas cosas
aun así aquí me tienes,
tan certero como que al día le sucede la noche.
Clamaste sin descanso para que no te volviera,
con esta forma mía, a clavarte la mirada,
pero te he visto hasta el útero sellado que te traes
y temo decirte esto, pero: -lo abrirás-
¡He regresado!
montado en un caballo de suspiros,
con un lazo de pasión del que no hay escape
trayendo conmigo tu futuro.
Así es querida – contempla el retrato del hombre,
porque soy –¡EL AMOR!-
Aquel sentir que juraste jamás volver a sentir,
todo lo que prometiste repudiar.
Me he reído desde el principio de tu inocencia,
¿Realmente crees que puedo marcharme sin más?
Hay una pizca de mí hasta en el corazón más duro
Incluso aquellos solitarios, aman su soledad.
Prepara el corazón para lo que viene,
porque vengo como viento del oeste
sin posibilidad de que me evites.
Porque he venido para quedarme.
Y tú, querida, serás una conmigo y él...
en tus innumerables desvelos
me pediste no llamar a tu puerta;
sin embargo, soy tu inevitable porvenir.
Cuantas veces no quisiste ver el sol poniéndose,
todo para no recordar ciertas cosas
aun así aquí me tienes,
tan certero como que al día le sucede la noche.
Clamaste sin descanso para que no te volviera,
con esta forma mía, a clavarte la mirada,
pero te he visto hasta el útero sellado que te traes
y temo decirte esto, pero: -lo abrirás-
¡He regresado!
montado en un caballo de suspiros,
con un lazo de pasión del que no hay escape
trayendo conmigo tu futuro.
Así es querida – contempla el retrato del hombre,
porque soy –¡EL AMOR!-
Aquel sentir que juraste jamás volver a sentir,
todo lo que prometiste repudiar.
Me he reído desde el principio de tu inocencia,
¿Realmente crees que puedo marcharme sin más?
Hay una pizca de mí hasta en el corazón más duro
Incluso aquellos solitarios, aman su soledad.
Prepara el corazón para lo que viene,
porque vengo como viento del oeste
sin posibilidad de que me evites.
Porque he venido para quedarme.
Y tú, querida, serás una conmigo y él...