Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Vuelvo a ti, como el río que retorna
al océano que nunca olvidó.
Mis pasos, antes errantes, ahora
siguen el rastro de tus huellas en la arena.
Cada esquina de este camino
susurra recuerdos de nuestra historia,
y en el aire, flota el eco de tus risas,
refugio de mis noches solitarias.
He recorrido montañas y valles,
buscando en otros rostros tu mirada,
pero sólo en tu abrazo hallo la calma,
la paz que mi alma anhela y reclama.
El tiempo, caprichoso y sabio,
ha tejido con hilos de nostalgia
un puente que nos une, indestructible,
y en sus pliegues, guarda nuestros sueños.
Regreso, con el corazón abierto,
con la esperanza renovada en cada latido,
sabiendo que en ti encuentro mi hogar,
mi refugio eterno, mi amor sin final.
al océano que nunca olvidó.
Mis pasos, antes errantes, ahora
siguen el rastro de tus huellas en la arena.
Cada esquina de este camino
susurra recuerdos de nuestra historia,
y en el aire, flota el eco de tus risas,
refugio de mis noches solitarias.
He recorrido montañas y valles,
buscando en otros rostros tu mirada,
pero sólo en tu abrazo hallo la calma,
la paz que mi alma anhela y reclama.
El tiempo, caprichoso y sabio,
ha tejido con hilos de nostalgia
un puente que nos une, indestructible,
y en sus pliegues, guarda nuestros sueños.
Regreso, con el corazón abierto,
con la esperanza renovada en cada latido,
sabiendo que en ti encuentro mi hogar,
mi refugio eterno, mi amor sin final.