Luis_Videla
Poeta adicto al portal
Te hostigaban las ganas,
te apremiaba el deseo.
De hablarme en susurros,
merodear mis relieves,
quejarte en mi oído,
ofrecerte a mis manos,
y entregarme el cuerpo.
Me consumían las ganas,
de asilarme en tus senos.
Saborearte de a poco,
ofrendarte mis besos,
beberte muy lento,
derramar tu pasión,
y descifrar tu misterio.
Nos acosaba la urgencia,
nos perseguía el antojo
de jugar con el cuerpo.
Franquearnos el alma,
abrir las compuertas,
romper los silencios,
y llegar tan profundo
hasta distinguir lo eterno.
Dormita en mis brazos,
amaina tus tormentas,
prodígate en mis manos;
que son las antorchas,
regueros de fuego,
que incendian tu cuerpo.
Para Luz, esa joven, apasionada y noble mujer que con sus brillantes ojos verde esmeralda, me iluminó la vida, cuando yo sentía haber caído en la oscuridad.
te apremiaba el deseo.
De hablarme en susurros,
merodear mis relieves,
quejarte en mi oído,
ofrecerte a mis manos,
y entregarme el cuerpo.
Me consumían las ganas,
de asilarme en tus senos.
Saborearte de a poco,
ofrendarte mis besos,
beberte muy lento,
derramar tu pasión,
y descifrar tu misterio.
Nos acosaba la urgencia,
nos perseguía el antojo
de jugar con el cuerpo.
Franquearnos el alma,
abrir las compuertas,
romper los silencios,
y llegar tan profundo
hasta distinguir lo eterno.
Dormita en mis brazos,
amaina tus tormentas,
prodígate en mis manos;
que son las antorchas,
regueros de fuego,
que incendian tu cuerpo.
Para Luz, esa joven, apasionada y noble mujer que con sus brillantes ojos verde esmeralda, me iluminó la vida, cuando yo sentía haber caído en la oscuridad.

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